Thursday, March 17, 2011

MICKEY NEWBURY Looks Like Rain, 1969 Mercury (Discos a recuperar, 13)

No es, el de Mickey Newbury, uno de esos nombres instantáneamente reconocibles o familiares para el común de los aficionados. Sin embargo, como suele ocurrir en estos casos, algunas de sus creaciones sí que deberían, al menos, provocar una mueca de afirmación. Es el caso de "Just Dropped In" o "American Trilogy" que, en las versiones de Kenny Rogers y Elvis Presley respectivamente, dieron popularidad y un mínimo reconocimiento al señor Newbury. Y sin embargo, como también suele ocurrir en estos casos, entre sus colegas de profesión, Mickey era una inspiración constante, alguien admirado y capaz de provocar los más encendidos elogios de su persona y su obra. Así Kris Kristofferson, en las notas de contraportada de este LP que hoy traemos por aquí, decía de él: "Mickey Newbury es un artista en el sentido clásico del término, no confundir con la más extendida en el show-biz: cualquiera que se pone detrás de un micrófono o interpreta en un escenario". A lo que Johnny Cash apostilla: "Newbury es un poeta".

Descubrí la música de Newbury gracias a un amigo inglés que tenía a bien surtirme con innumerables cintas de los más diversos y a veces oscuros compositores y cantautores, sobre todo norteamericanos. Uno de sus envíos contenía el CD titulado "Nights When I Am Sane", un directo de 1994 que simplemente me dejó noqueado, ¿"qué" era aquello? Desde luego no había escuhado muchas cosas que se le parecieran. Voz y guitarra, y unas canciones que no se sabe muy bien de dónde vienen. Le siguieron un par de cintas con buena parte de su discografía clásica... y después he ido procurando hacerme con esos discos..."Frisco Mabel joy", "Sings His Own" y hace algún tiempo ya que conseguí una inmaculada copia de este "Looks Like Rain", una de las joyas de la corona.

Era su segundo disco, y Newbury quiso desquitarse de la decepcionante experiencia de la grabación de "Harlequin Melodies", su debut de 1968 para RCA . Aunque creo que se trata de un disco igualmente mágico, Newbury quedó muy descontento con la producción de Felton Jarvis, y cuando fichó por la discográfica Mercury exigió para sus discos ejercer él mismo las labores de producción o, al menos, poder elegir al productor. Aquí el tándem Jerry Kennedy/Bob Beckham consigue crear una atmósfera íntima y mágica que envuelve todo el álbum. Concebido como un disco conceptual, los sonidos de la lluvia se escuchan entre canción y canción, estamos ante un trabajo que desafía cualquier tipo de clasificación... delicado pero intenso, lleno de arreglos tremendamente imaginativos a la vez que sutiles y delicados, que le dan esa continuidad que te impide desconectar y que te arrastra de principio a fin, subyugado por una belleza única. Kristofferson comparaba la escucha del disco, con una sesión de canciones tocadas de noche en el silencio de la habitación de alguien... sonando a veces como los viejos ecos de un pasado olvidado y, otras, como el oscuro misterio del espacio. Y escuchando el disco uno puede imaginar perfectamente la escena: una cálida noche de tormenta en una destartalada habitación en Nashville, Newbury guitarra en mano desgranando una a una sus mágicas canciones... para sus amigos músicos (los Buttrey, Moss...) y escritores (Gantry, Kristofferson, Swan, Fritts...) de aquella irrepetible generación y escena que alumbró Nashville a finales de los sesenta. Y luego están las canciones, algunos de sus temas más recordados: "She Even Woke Me Up To Say Goodbye", "33rd Of August" o la mítica "San Francisco Mabel Joy"... todas magistrales, emocionantes, redefiniendo una y otra vez lo que un compositor y un cantante de country podía o no hacer.

La influencia de la música de Newbury, afirman, fue fundamental en el movimiento Outlaw de los 70 (sobre todo por ser uno de los primeros en plantarse ante el establishment de Nashville), y de hecho su patronazgo sirvió a gente como Townes Van Zandt (con quién escribió un buen puñado de temas, algunos de los cuales interpreta Newbury en su primer disco) o Guy Clark, a quienes por lo visto abrió más de una puerta en la industria. Sus canciones siguieron siendo versionadas y Newbury editó unos cuantos discos a lo largo de la década de los 70. Pero, a pesar de las buenas críticas que siempre recibieron ninguno tuvo gran repercusión comercial. Retirado del mundo de la música durante los ochenta, volvió a grabar y tocar en directo a finales de esa década. Falleció en 2002, a los 62 años después de una larga batalla contra la fibrosis pulmonar que padecía.


Hoy en día solo está disponible como parte de una caja de 8 CD's con otros tantos LP's de Newbury. Sin embargo, hace unos meses la revista inglesa Uncut, en un artículo retrospectivo, anunciaba la reedición de este disco para comienzos de este 2011. Esperemos que así sea.

Monday, February 28, 2011

THE SEE SEE, Late Morning Light (Great Pop Supplement/Dell 'Orso, 2011)


Llevábamos ya tiempo siguiéndole la pista a lo que resulta ser uno de los secretos mejor guardados de la escena londinense actual. Fueron The Eighteenth Day of May, con su excelente disco homónimo de 2006, un grupo visionario y seminal a la hora de reivindicar el folk-rock británico de los sesenta y abrir brecha para otros que les han seguido más tarde con más éxito. Aquel único disco a buen seguro será reivindicado en un futuro como un pequeño clásico de su momento, no nos cabe duda. De sus cenizas nacieron dos proyectos que han merecido toda nuestra atención, por un lado The Left Outsides, que han seguido más la vena de inspiración británica, y por otro estos The See See que han abrazado inlfuencias más americanistas (sonidos Costa Oeste y psicodelia de la fina, para entendernos). Liderados por Richard Olson, esta especie de supergrupo indie (cuenta entre sus filas a Pete Greenwood -exceltente album en solitario para Heavenly, por cierto-, y gente de los Waxwings americanos o The Soledad Brothers), nos cautivó desde su segundo single (el primero no llegamos a tiempo de pillarlo antes de que se agotase), de comienzos de 2009, que contenía dos perlas tituladas "Keep Your Head" y "Clap Your Hands..." de subidón garantizado. Después le han seguido dos sencillos más que no han hecho sino confirmar que lo suyo va muy en serio.

Publican ahora su primer disco, y aunque acaba de salir hace un par de semanas el CD, la versión vinilo apareció a finales de 2010 y ya se agotaron las dos tiradas limitadas que se pusieron en circulación. Esto puede dar una idea del interés que han logrado suscitar. Si lo tuyo son los Byrds del "Fifth Dimension", los Ran Parade de "Emergency Third..." o los más "actuales" Beachwood Sparks o Brian Jonestown Massacre, prepárate para descubrir al que puede ser tu nuevo grupo favorito. El mérito de éstos está en saber reconciliar sus evidentes ráices "retro" y sonar nuevos y frescos, totalmente actuales, salvando así el posible riesgo de pastiche o meros "copycats". Doce canciones como doce soles, sin trampa ni cartón, inútil destacar alguna. Es nuestro disco de cabecera hoy por hoy... Como curiosidad, añadir que el exqusito festi PopXiriapop les trajo a tocar en septiembre el año pasado... A ver si podemos verles por aquí más pronto que tarde. Sería un verdadero placer.

Thursday, July 22, 2010

THE SIDEWINDERS, same, 1972 RCA (Discos a recuperar 12)

Ayer tuve la suerte de ver en concierto, una vez más a Patti Smith, y como siempre, el atractivo extra que presenta semejante oportunidad es poder ver también a su inseparable Lenny Kaye a la guitarra. Ya veis, Lenny es uno de esos personajes tan queridos por aquí. Lo que me ha traído a la memoria el álbum que hoy comentamos. Parece mentira que con la cantidad de discos y referencias obscuras e ignotas que mes a mes se recuperan en infinidad de reediciones, aún queden discos como éste languideciendo en los archivos de alguna discográfica, esperando una nueva oportunidad de ser apreciados y re-descubiertos. El nombre clave aquí, y el que nos llevó hasta el disco, es el de Andy Paley, otro gran favorito por aquí. A comienzos de los 70 un jovencísimo Andy se traslada a Boston con la idea de formar un grupo. The Sidewinders surgen de las cenizas de Catfish Black, y en su formación original están Andy como vocalista (también toca la harmónica en algunos temas), Eric Rosenfeld (guitarra), Mike Reed (guitarra), Leigh Foxx (bajo), y Henry Stern (batería). Sus primeros directos llaman más la atención de la escena neoyorkina centrada alrededor del mítico Max’s Kansas City (Warhol es un asiduo, y pone a Andy Paley en la portada del primer número de su revista Interview). Dennis Katz cazatalentos de RCA (había fichado a Bowie, los Kinks y a Lou Reed después de que éste abandonase la Velvet) no duda en ofrecerles un contrato. Entran en el estudio con la idea de ser producidos por Richard Robinson (productor de Reed), pero finalmente esta tarea recae en Lenny Kaye, entonces crítico y estudioso de la música pop y, más tarde, guitarrista de Patti Smith, claro. Precisamente en 1972 aparece el histórico doble LP “Nuggets”, producido y anotado por Lenny Kaye. Andy Paley y Eric Rosenfeld ejercen de faros guía del grupo, componiendo todo el material. El disco es una fenomenal muestra de canciones inspiradas tanto en el rock n’ roll de los 50, como en el pop/beat de los 60. Están a punto de convertirse en grupo de absoluto éxito, pero se quedan a las puertas. Andy, por su parte, entabla relación y contacto con numerosas personalidades de la “inteligencia” del momento, y se convierte en el favorito de críticos y demás, recibiendo parabienes y alabanzas incontenidas de gente como Lester Bangs o Andy Warhol. El propio Lester Bangs, en la crítica que realiza en la revista Creem, en agosto del ’72, con motivo de la edición del primer y único LP de los Sidewinders y hablando de su directo dice lo siguiente: “allí se liberaba toda aquella energía juvenil y vivaz, la misma que escuché en el disco “Five Live Yardbirds”, y en algunas actuaciones de MC5, y en pocas y preciosas experiencias de rock en directo más”. Un directo que le hace recuperar la fe al Sr. Bangs, y que a la vez le hace esperar el “éxtasis instantáneo” del primer disco del grupo. Los únicos peros que encuentra en el álbum hay que buscarlos en un sonido que, comparado con su directo, queda en parte empobrecido, castrado, “under-produced”. Pero las canciones ahí están “O Miss Mary”, “Got You Down”, “Reputation” o “Rendezvous”, y la actitud y sonido del grupo no eran sino un soplo de aire fresco en una época en la que la atmósfera comenzaba a enrarecerse. Lester Bangs de nuevo: “Los Sidewinders son el tipo de grupo que no necesita darse ningún aire. Ellos LO SON, así que simplemente van y lo HACEN”. Los Sidewinders vendieron una cantidad importante de copias de su disco, pero no la suficiente como para dar el gran salto, y optaron finalmente por seguir cada uno su camino, por separado. No están del todo claras, sin embargo, las razones de esta ruptura (Andy se mostraba reacio a hablar de ello en entrevistas de la época), pero el hecho es que Andy comenzará a ejercer por su cuenta, aplicándose como hábil multi-instrumentista en múltiples frentes. Su amiga Patti Smith se lo llevará de gira por Europa, en sustitución de su teclista habitual Richard Sohl, que se había puesto enfermo a última hora. Otra colaboración ilustre de este periodo es la que realiza para Elliott Murphy en su tercer disco, “Night Lights” (RCA, 1976). Después vendría la formación de The Paley Brothers, junto a su hermano Jonathan, con los que grabaría un único e irrepetible álbum para Sire Records en 1976, del que sin duda nos haremos eco en un futuro próximo. Mientras tanto procúrate una copia del álbum de los Sidewinders, nos lo agradecerás.

Thursday, July 08, 2010

THE WILLIAMS BROTHERS, ¡harmony pop!

Creo sinceramente que "Grace of My Heart" (aquí "Corazón Rebelde") es una de las mejores películas que se han hecho sobre el mundo de la música pop. Tanto la historia, el guión, los actores, la sensibilidad a la hora de retratar y recrear un mundo muy particular (el de los primeros años 60 en el Brill Building neoyorkino), como la banda sonora, son sencillamente excelentes. La película fue dirigida en 2002 por Allison Anders, y está protagonizada por una maravillosa Illeana Douglas, y unos no menos sensacionales John Turturro, Matt Dillon y Eric Scholtz. Además en labores de producción estaba Martin Scorsese, nada menos.

Precisamente la música que pone la banda sonora tiene mérito doble, pues a través de composiciones e interpretaciones nuevas y originales, compuestas exprofeso para la película, se recrea a la perfección la banda sonora de aquella época irrepetible. Pues gracias a ello conocí a los Williams Brothers... esta es su aparición en la película, haciendo un cameo a lo Everly/Righteous Brothers, interpretando "Love Doesn't Ever Fail Us", que desde que la descubrí en la película ha pasado a ser una de mis canciones favoritas.



La canción (¡original de Gerry Goffin y Larry Klein!), y la interpretación, son tan alucinantes que sentí curiosidad por estos "Williams Brothers". ¿Acaso eran un grupo real, o sólo un par de actores haciendo el cameo? Pues no, resulta que Andrew y David Williams son hermanos de verdad, y tienen una muy considerable carrera musical a sus espaldas. Fueron "niños prodigios", participando en series televisivas en los 70 y publicando un par de álbumes para público pre-adolescente. Sin embargo, cuando cogieron el control de su carrera la cosa cambió, y el pedigrí que atesoran es bien merecido. Tres LP's en su haber: "Two Stories" en 1987 (Dylan y Tom Petty les cedieron ambos una canción, aunque el disco queda un poco lastrado por la producción “años 80”), "The Williams Brothers" en 1991 (que contenía su único hit, si es que así lo podemos denominar, la estremecedora “Can’t Cry Hard Enough”, versionada en múltiples ocasiones por los más diversos artistas) y "Harmony Hotel" en 1993. Además, como músicos han colaborado con, entre otros, The Gun Club, T-Bone Burnett, The Plimsouls, Peter Case, Victoria Williams, Del Shannon, Bob Neuwirth, Old 97's... ¡no está mal!


Yo recomiendo sobre todo "Harmony Hotel", que además se puede conseguir muy barato a nada que se busque un poco. Es un disco de folk-pop precioso, lleno de medios tiempos sustentados a base de instrumentación acústica y el perfecto ensamblaje de las voces de Andrew y David, una especie de Don y Phil Everly de los noventa (ahí me recuerdan a los sensacionales Rembrandts, que bordaban también las armonías vocales). Seguramente no cambie tu vida, o tal vez sí, pero desde luego es uno de esos discos que, en su modestia, te dejan con una sonrisa en la boca de pura felicidad. Y a veces poco más se puede pedir. Andrew Williams sigue ligado al mundo de la música como productor, compositor y músico. Esta es su web.

Thursday, June 24, 2010

LARRY JON WILSON, R.I.P. 1940-2010

Me acabo de enterar del fallecimiento de Larry Jon Wilson el pasado 21 de junio, a los 69 años, al parecer de un derrame cerebral mientras se encontraba en Roanoke, Virginia, mientras visitaba a su familia. Descubrí a este grandísimo artista gracias al impagable documental "Heartworn Highways", filmada a finales de 1975 y primeros de 1976, en el que compartía andanzas con Townes Van Zandt, Guy Clark, Steve Young, David Allan Coe, Rodney Crowell, John Hiatt o un jovencísimo Steve Earle (es decir, la emergente escena "outlaw" que florecía al margen de los dictados de Nashville). Él era el protagonista de una de las escenas iniciales, la que transcurre en un estudio y que recoge precisamente el proceso de grabación del tema "Ohoopee River Bottomland". Como con todo lo que en la película se puede ver y oir, quedé alucinado.



Tuve la suerte poco después de encontrar uno de sus buscadísmos LP's de los 70 para el sello Monument, el títulado "Loose Change", grabado en Muscle Shoals y Nashville, y sigo buscando sus tres restante discos de esta época, "New Beginnings" (1975), "Let Me Sing My Song To You" (1976) y "Sojourner" (1979). Después, a primeros de los años 80, Larry Jon abandonó el negocio musical. Reapareció mucho tiempo después en los dos excelentes volúmenes "Country Got Soul" y con The Country Soul Revue, editados por Casual en 2004. En 2008 el sello 1965 Records editó su primer disco en casi 30 años, pero que a la postre ha resultado ser también su despedida. Titulado simplemente "Larry Jon Wilson", el álbum fue grabado en 7 días en Perdido Key, Florida. Larry Jon contaba a Jeb Loy Nichols y Jerry DeCicca historias sobre "auto-stop, buscavidas en los billares, ser padre, jugar, beber, mujeres, y su amistad con Townes Van Zandt y Mickey Newbury" e inmediatmamente saltaba a una canción, así que todo está grabado en directo en una habitación, y todo son primeras tomas. El resultado es, sencillamente, uno de los mejores discos que uno puede comprar hoy en día.


Como anécdota, contar que Larry Jon estuvo tocando entonces en Londres (y alrededores) en julio de 2008, coincidiendo con la edición del disco, y casualmente nuestro amigo Alan Tyler iba a ejercer de telonero suyo. No lo pudo hacer porque estaba pasando unos días por aquí, precisamente. Nos hubiera gustado poder traerle a tocar.

Tuesday, June 01, 2010

JIM CARROLL, The Basketball Diaries and The Book of Nods (Faber & Faber, 1987)

Hará unos 15 o 16 años que mi padre me compró este libro y escribo estas líneas pensando en él. Un acontecimiento de lo más trivial por lo demás, pero que para mí y con el paso del tiempo, ha adquirido esa especial resonancia y trascendencia que adquieren a veces este tipo de acaecidos. Además, recuerdo perfectamente el momento y las circunstancias. Fue en la Casa del Libro de Bilbao, la original, en la calle Colon de Larreategui. Creo que habíamos salido a hacer algún recado o alguna gestión, y en estas que pasamos por delante de la librería y decidimos entrar. He de decir que en casa de mis padres los libros siempre han ocupado un lugar privilegiado, tanto cuantitativamente (para desespero de mi madre) como cualitativamente (¡nada mejor que un buen libro!). Y en ese afán de los padres por transmitir a sus hijos las enseñanzas que consideran prioritarias y fundamentales, mi padre siempre ha tratado de inculcarnos ese amor sincero por los libros... y al final lo ha conseguido, sin duda. Que mayor placer pues que poder complacer a un hijo cuando su única demanda consiste precisamente en la adquisición de un libro…

Pero me centro. Jim Carroll y The Basketball Diaries... Fue verdaderamente providencial e inesperado encontrarlo. Se trata de la edición inglesa de Faber & Faber, publicada en formato bolsillo en 1987. La foto de la portada es un "closeup" de la que aparece en la edición original (reproducida más abajo). Además esta edición incluye los poemas en prosa de "The Book of Nods". Pero la cuestión es que, en mi universo particular, The Basketball Diaries había adquirido para entonces dimensiones casi míticas... como todo lo que rezumase aromas del Nueva York de finales de los 70. Y ahí Jim Carroll ocupaba un lugar privilegiado (junto a Patti Smith, Tom Verlaine, Richard Hell...) Por eso, encontrar por casualidad esta edición, y que mi padre accediese complacido a comprármela supuso tanto para mí. No olviden que entonces, tener acceso a este tipo de material no resultaba fácil.
Me entregué a su lectura de lleno. Imagino al lector de estas líneas familiarizado con, al menos, el contenido del libro. Entre 1962 y 1966, es decir, entre los 12 y 16 años, Carroll escribió unos diarios que daban cuenta de su vida en las “malas calles” de Nueva York, mientras asistía a las clases en un colegio privado, jugaba al baloncesto, tenía más sexo del que podía imaginarse y hacía las veces de chapero para financiar su creciente adicción a la heroína. Pero, ¿cómo era posible aquello que estaba leyendo? Aquello no podía dejar de impresionar ni al más vivido de mis conocidos o, incluso, desconocidos. Era un texto ágil, crudo, casi descarnado... sin florituras, pero a la vez se podía vislumbrar, en medio de tanto desfase, el aliento poético que inspira la prosa de aquellos que “lo tienen”. Quedé subyugado. Fue después cuando conseguí por fin la reedición en CD de su primer disco, “Catholic Boy” (ese en el que aparece retratado junto a sus padres), que pude comprobar también que todo lo que había leído sobre las grandezas de este poeta convertido a rockero eran ciertas, y aquellas canciones (Wicked Gravity, People Who Died, Day & Night, Catholic Boy, City Drops Into The Night -¡qué título!-… en fin, ¡todas!) se convirtieron en banda sonora de mi vida. Igual que las imágenes evocadas por The Basketball Diaries.

El texto fue llevado al cine como “Diario de Un Rebelde” con un jovencísimo Leonardo DiCaprio haciendo las veces de Jim Carroll. No he visto la película, ni ganas que tengo (salvo que alguien, con argumentos de peso, me saque de mi obcecamiento), pero fue estrenada por aquí y cuenta con su correspondiente edición en DVD. Ediciones B aprovechó el tirón y publicó una traducción del libro con el mismo título en 1996, aunque creo que en estos momentos está descatalogado. Carroll falleció el pasado mes de septiembre… otro más que añadir a la lista de “gente que murió”… “they were all my friends / and they died”.

"Read Rimbaud, read Jim Carroll..."

Wednesday, April 21, 2010

NICK GARRIE, ¡¡Jueves 22 de abril en Bilbao!!

Algo bueno tenía que tener la nube tóxica islandesa y el consiguiente cáos aéreo europeo... Nos va a permitir disfrutar de la presencia de Nick Garrie, en la distancia corta del Residence Café bilbaíno, a partir de las 22:00 horas de mañana, jueves 22 de abril. La entrada es gratuita.

Nick Garrie debutó con “The Nightmare of JB Stanislas”, un disco de folk psicodélico editado en 1969 que fue producido por Eddie Vartan (hermano de Sylvie Vartan), y que quedó olvidado en el almacén de su sello DiscAZ tras el suicidio de su propietario pocos días después de que saliese el álbum a la calle. Admirado a lo largo de las décadas, a pesar de las escasas copias que finalmente circularon de aquel mágico disco y su elevado precio para coleccionistas (más de 1200 euros), fue incluso elogiado por Leonard Cohen, quien dijo personalmente a Nick en la gira conjunta que hicieron en nuestro país en los 80 (gira que recaló en Bilbao, por cierto), que le encantaría haber compuesto algunas de las canciones del disco. Colaboraciones de lujo, como las realizadas en diferentes ocasiones junto al compositor de bandas sonoras Francis Lai (ganador de un oscar por “Love Story”, y responsable de, entre otras bandas sonoras, “Un hombre y una mujer”, “Vivir por vivir”, “Bilitis”, “Ojos negros” o “Emmanuelle”).


La escasa actividad musical del compositor británico se ve hoy compensada gracias a la participación de la escena pop escocesa más reconocida: Duglas T Stewart (BMX BANDITS), Norman Blake (TEENAGE FANCLUB), Ally Kerr (su verdadero ángel de la guarda) y todo un séquito de músicos que se han puesto a su servicio para grabar las canciones de su álbum, “49 Arlington Gardens”, incluido Francis Lai, que firma junto a Nick uno de los momentos mas románticos del disco. Editado por la discográfica madrileña Elefant Records en 2009, “49 Arlington Gardens” debe ser el disco que la historia musical utilice para saldar cuentas con Nick Garrie. Hay demasiadas razones para que así lo sea. Las maravillosas sesiones de grabación en Escocia, apadrinadas por Ally Kerr y que contaron con nombres como Norman Blake (TEENAGE FANCLUB), Francis McDonald (NICE MAN, TEENAGE FANCLUB, BMX BANDITS), Duglas T. Stewart (BMX BANDITS) produciendo, y Duncan Cameron (DELGADOS, TRAVIS, TRASHCAN SINATRAS) como ingeniero de sonido, junto a los todavía desconocidos DOGHOUSE ROSES, la española Sandra Belda Martínez (CALIFORNIA SNOW STORY, SUPERÉTÉ), Rachel Allison, Iona McDonald y muchos más músicos de la escena indie pop escocesa. Una colección apabullante de grandes composiciones, con preciosidades como “Twilight”, “Le pont mirabeau”, “When evening comes” o “When the child in you”, o un tema de profundo romanticismo como es “Lovers”, escrito junto a Francis Lai (responsable de bandas sonoras históricas como “Un hombre y una mujer” o “Love Story”). El hecho de que “The nightmare of J.B. Stanislas”, el disco maldito que editó en 1969 que apenas llegó a ver la luz y que hoy es pieza de coleccionista (aunque ya fue convenientemente reeditado en CD por el sello Rev-Ola y en vinilo por la firma barcelonesa Wah-Wah), esté teniendo ese pequeño momento de gloria que el azar le arrebató en su momento. Y sobre todo, un cantautor, Nick Garrie, con una preciosa voz llena de solemnidad y un sentido del pop clásico, en el mejor sentido de la palabra, disfrutando de un momento de brillante inspiración.



Uno de esos discos que ve la luz gracias al empuje de una nueva generación de músicos, admiradores del cantautor británico. Un disco honesto, cercano, elegante, preciosista, que mantiene un maravilloso equilibro entre arreglos y melodías; un conjunto que da buena muestra del preciosismo que reina en las melodías de este compositor, hoy más reconocido que nunca, junto a nombres como Donovan o Nick Drake.

Saturday, February 20, 2010

DOGS, Legendary Lovers, Epic 1983 (Discos a recuperar 11)


Francia nos ha dado a Francoise Hardy, Michel Polnareff o Serge Gainsbourg. Grandes, grandísimos, todos ellos de la música popular. Pero en lo que a grupos de rock 'n roll se refiere, ¿cuántos nombres del calibre de los citados se te ocurren? ... A mí, sin duda alguna, sólo se me ocurre uno: los Dogs. Ah, los Dogs. Los Dogs de Dominique Laboubée. Los Dogs, ¿el mejor grupo francés de rock'n'roll? Tal vez. Me ocurre con ellos otra de esas "liaisons" especiales... En pleno proceso adolescente de descubrimiento de los icónos del pop (Dylan, Velvet, Who, Creedence, Stones, Bowie...) y entrando ya en el punk (Clash, Pistols, Jam, Heartbreakers...) creo que los Dogs fueron uno de los primeros grupos "underground", por así decirlo, que se cruzaron en mi camino. Un amigo en clase tenía la entonces reciente reedición en disco doble de sus dos primeros álbums "Different" y "Walking Shadows". Aquellas portadas prometían! Paralelamente cayó en mis manos un ejemplar del fanzine "La Herencia de los Munster". En su nº 10, entre otras lindezas, había un artículo en profundidad sobre ellos...

Originarios de Rouen, en la zona de Normandía, el grupo se formó en 1973. Hasta la publicaicón en 1978 de su debut discográfico (el mítico single "Charlie Was A Good Boy/19/No Way", que Robin Wills recuperaba hace nada en su magnífico blog), darán conciertos, interpretarán significativos covers (Stooges, Standells, Pretty Things, 13th Floor Elevators...), Dominique compondrá sus primeras canciones, y vivirán el cisma que dará lugar a la formación clásica del grupo: Dominique (voz y guitarra), Huges Urvoy (bajo) y Michel Gross (batería). Con esa fromación registran sus dos primeros LP's para la discográfica Phillips, que les colocarán en un lugar privilegiado dentro de la escena francesa. Para la grabación de su tercer LP, "Too Much Class for the Neighbourhood", incorporan a Antoine Masy Perier a la guitarra y fichan por Epic Records, consiguiendo así el respaldo que necesitaban tanto artístico como monetario para llevar su prometedora carrera más allá. Así se inicia la etapa más fructífera a todos los niveles del grupo. "Too Much Class..." editado a mediados de 1982, grabado en Londres y con producción a cargo de Tony Platt, supone para muchos de los fans del grupo su cima artística. Y ciertamente se trata de uno de los mejores ejemplos de rock 'n roll exultante y vitalista firmados en los ochenta.

Después de una gira por toda Francia y de hacer 15 fechas por el Reino Unido abriendo para Dr. Feelgood, los Dogs se convierten en la gran esperanza blanca del rock francés. Y es en este contexto donde se fragua el disco que hoy nos ocupa (grabado nuevamente en Inglaterra bajo la producción del gran Vic Maile -responsable del sonido de los primeros discos de los Jam, Inmates o los mismos Feelgood-). No sé si es el mejor disco de su carrera, pero a mí me gusta especialmente porque tiene todo lo que hacía al grupo tan especial: clase, estilo, actitud, y sobre todo un ramillete de canciones realmente invatible. Claro que los Dogs no eran un grupo surgido en la explosión punk que más tarde evolucinó hacia derroteros más melódicos y calmados. Lo suyo venía de antes, de mucho antes. De la mejor tradición del rock 'n roll. La que representaron en los 70 los Flamin' Groovies, trazando el arco que va desde "Flamingo" hasta "Jumpin' In the Night". Ya lo dejaban patente desde el título de su clásico debut, "Different". Ellos lo eran. Desde ese trallazo que abre el disco titulado "Little Johnny Jet" y hasta el final, "Legendary Lovers" es un compendio de lo mejor que el rock puede ofrecer: frescura, diversión, una forma de entender la vida y de vivirla. Al otro lado del Atlántico estaban los Plimsouls, y a éste los Dogs.

Viendo en Gazteszena a los Hi-Risers el otro día abriendo para Roy Loney y Señor No, me acordé de los Dogs, y me dí cuenta, una vez más, de lo difícil que resulta hacer lo que ellos hacen: que lo difícil parezca fácil, que el rock suene a rock. "Lo difícil podemos hacer ya mismo, lo imposible puede llevarnos algo más".

Monday, February 08, 2010

Recordando a DAVID McCOMB & THE TRIFFIDS, Stolen Property

Recuerdo perfectamente cuando leí el primer obituario que anunciaba la muerte de David McComb, líder del grupo australiano The Triffids. Fallecía muy poco antes de cumplir los 37 años, por complicaciones derivadas de un rechazo al trasplante de corazón que había tenido tiempo atrás, unidas a años de consumo de heroina y alcohol. Me impresionó el texto ensalzando su figura y su obra, y la foto que lo acompañaba que le representaba en medio de un paisaje de desierto australiano. Aquello hizo que investigara al personaje y que después me enganchara definitivamente a su música, que fui descubriendo y admirando poco a poco, hasta hacerla propia. Se cumplen por estas fechas once años de su desaparición, y a vuelta con los cumpleaños y las edades y las coincidencias, no es sino otro dato más que de manera precisa remarca de nuevo esa más que especial querencia por este talento único... Y es que el efecto que produce en mí la música que David McComb hizo con los Triffids es tan único y duradero, tan especial y profundo, que le sitúan a la cabeza de esos favoritos personales, aquellos que guardamos para nosotros y que compartimos sólo con unos pocos elegidos. No se trata, a estas alturas, de convencer a nadie, ni de enslazar por encima de supuestos méritos a quien no lo merece. Acabo de encontrar este vídeo del tema "Stolen Property", una canción que por sí sola puede resumir todo ese especial hechizo que la música de los Triffids representa, o al menos se le acerca bastante, y me apetecía compartirla. La versión original aparece en su clásico "Born Sandy Devotional" (1986), uno de mis discos favoritos de los ochenta, y de cualquier otra década, si nos ponemos.


Si acabáis de visionar y escuchar el vídeo, poco más puedo añadir. ¿Que la ejecución no es perfecta? Mejor así. Para los que aún no tengan el disco conviene recordar que Domino Records lo recuperó en 2006, inaugurando la serie de ejemplares reediciones de toda la discografía de los Triffids. Y es ahora también cuando se anuncian dos acontecimientos que harán que todo fan de los Triffids que se precie salive con profusión. Por un lado, el próximo 5 de abril Domino edita "Come Ride With Me ... Wide Open Road: The Best of the Triffids", una caja que contendrá al menos 8 cd's repletos de rarezas del grupo: las míticas 6 cassettes que el grupo editó antes de publicar en vinilo, conciertos, demos, sesiones de radio, ensayos... Y, por otro lado, pocos días después, el 9 de abril los cinco miembros supervivientes del grupo se reunirán de nuevo para rendir homenaje a David, en un evento que denominan "A Secret In The Shape of A Song", y que ya presentaron en Perth y Sydney en 2008. Una velada que anuncian larga ("it's such a repertoire", justifican; ¡ya lo creo!) y con la presencia de músicos amigos y fans del grupo, que rendirán merecido tributo al legado musical que David McComb nos dejó. El concierto se celebrará en el Barbican londinense y unos días después se repetirá en Belgica y en Atenas. Más detalles en la web del grupo.

Al margen de proyectos como The Blackeyed Susans o The Red Ponies, la carrera musical post-Triffids de David McComb tiene su mejor momento en el único album que pudo grabar a su nombre, "Love Of Will". Editado por Mushroom en 1994 y descatalogado desde hace tiempo (aunque visto el excelente trabajo de Domino, seguro que en un futuro no muy lejano lo vemos reeditado), se trata de una excelente colección de temas que resumen las cualidades de McComb como compositor y que en la orientación musical abandona un poco la experimentación más atrevida de "The Black Swan", último álbum de estudio de los Triffids, en favor de un sonido más orgánico y musculoso, sin perder esa especial sensibilidad marca de la casa en títulos como "Day Of My Ascension", "Nothing Good" o "Lifelike". Muy especialmente recomendado, junto con TODA la discografía de The Triffids, y un resumen perfecto de uno de los grandes talentos salidos de Australia... ¡Va por tí David!

Thursday, December 31, 2009

JACK NITZSCHE -- The Lost Reprise Album, 1974

El último número editado de Otoño Cheyenne contenía un extenso artículo sobre la vida y obra de este genial personaje, favorito entre favoritos por aquí como podréis imaginar. Desde entonces han sido varias, e importantes, las novedades discográficas sobre su obra. Sobre todo destacan los dos volúmenes editados por Ace, bajo el título “The Jack Nitzsche Story”. También merece destacarse la reedición de los cuatro LP’s que editó en los 60 (y primeros 70) para Reprise a cargo del sello Collector’s Choice. Entre ellos el que grabó en la iglesia de St Giles’s en Londres con la London Symphony Orchestra, un ambicioso álbum de música neo-clásica que Nitzsche había compuesto y arreglado, y que se editó bajo el título de St Giles’ Cripplegate en 1972. El mismo Ignacio Juliá le dedicaba un buen artículo retrospectivo en el número de septiembre de Ruta 66. Queremos recuperar ahora parte de esta historia, con uno de esos artefactos que hacen que el rock-snob que llevamos dentro de un respingo de emoción: nos referimos a uno de esos legendarios discos perdidos, de los que nunca llegaron a editarse, y hasta de cuya existencia hubo serias dudas... ¡Lean, lean!

A comienzos de 1972, antes de que se grabase St Giles’ Cripplegate, a Jack Nitzsche le ofrecieron la posibilidad de trabajar en una película llamada Greaser’s Palace, que estaba basada vagamente en la vida de Jesucristo. Y fue en Santa Fe, lugar de rodaje, donde se fraguó una gran amistad entre Nitzsche y Robert Downey, director y guionista del film. Nitzsche compuso y arregló la música para la película, que luego Elliot Mazer se encargaría de grabar y producir en Los Angeles. Curiosamente Jack aparece en la película caracterizado como músico de mariachi, tocando el piano.

Tiempo después, a finales de 1973, Nitzsche y Downey, que se habían convertido en amigos inseparables, se proponían recabar fondos para un nuevo proyecto conjunto. Jack llamó a Mo Ostin, cabeza de Warners/Reprise, ya que siempre respondía a sus llamadas. Después de una reunión conjunta, Ostin decidió darles una oportunidad para que trabajasen en un álbum en solitario de Jack Nitzsche. A partir de aquí la información es más bien escasa, pero lo cierto es que en enero de 1974 se grabaron en Nashville diez temas, originales todos ellos de Nitzsche, con algunas letras del propio Downey. Sin embargo, todo quedó en agua de borrajas, pues el álbum, pese a tener ya número de referencia asignado por Reprise, se archivó sine die y nunca llegó a editarse. La discográfica dio la callada por respuesta y sin más se desprendió de los servicios de Jack Nitzsche. Se rompía así una relación que había durado muchos años, desde comienzos de los 60. Denny Bruce, íntimo amigo y confidente, recuerda así lo que ocurrió: “Mo nunca me llamó a mí, que era su manager, para decirme, “Denny, ¿podrías venir a Burbank? Tenemos que hablar del disco de Jack”. Ni siquiera hubo un adiós. Jack fue despedido de Warner Brothers, y eso fue todo.”

Así que las cintas, cuya existencia era sólo conocida por sus directos partícipes –aunque se fabricaron test pressings, para consumo interno de la propia discográfica-, se archivaron y permanecieron en el olvido. En 1996 el crítico inglés Barney Hoskyns, en su excelente libro “Waiting For The Sun. The Story of the Los Angeles Music Scene”, describía el abortado proyecto como “una ambiciosa obra en la línea de Smile (Beach Boys) y Song Cycle (Van Dyke Parks)”, dando a conocer así la existencia de este álbum perdido. Por suerte, en 2001 Rhino Handmade (subsello de la discográfica californiana Rhino) puso estas grabaciones en circulación, en un CD de edición limitada (3.000 copias nada más), bajo el título Three Piece Suite – The Reprise Recordings 1971-1974. Y resulta que, después de todo, el inglés (Hoskyns) tenía razón. Jack Nitzsche, que así se iba a llamar el disco, es una maravillosa creación. Un disco único, que de haberse editado en su momento habría pasado por todo un clásico de los primeros 70, la obra genial de un artista de enorme talento en estado de gracia. El disco consta de 11 temas, con música original de Nitzsche y letras de Robert Downey. Salvo el instrumental “New Mexico”, repescado de la banda sonora de Greaser’s Palace, y la crepuscular balada “Marie”, una demo rescatada de unas sesiones de 1971, todos los demás habían sido grabados específicamente para este proyecto. Se abre con el tema “Lower California”, y se cierra con “Number Eleven”, un tema orquestal que, hasta en el título, nos remite directamente a St Giles’ Cripplegate. Entre medio una obra fascinante, donde si bien queda patente que Jack no es el mejor vocalista de la historia del rock -¿cuántos de los grandes intérpretes son grandes vocalistas?- sí que es uno de sus más preclaros visionarios musicales. Como si Leonard Cohen y Brian Wilson circa 1966 se hubieran juntado para grabar un álbum de blues californiano. Como si la magistral épica crepuscular de ambos hubiese sido conjurada por la genialidad de Nitzsche para crear una revisión moderna de la ilimitada ansia experimental de finales de los 60. Los momentos de maestría en los que Jack sabía perfectamente como introducir una sección de cuerda para destrozarle a uno el corazón, como en “Sleeping Daughter” o “I’m The Loneliest Fool (In the Atmosphere)” –gran título-, sin caer por ello en el empalago o la ñoñería. Puro cantautor en algunos momentos, y pura música experimental en otros.

Gracias a la edición de Rhino podemos hoy disfrutar de esta original y alucinante obra, que además se completa con las seis piezas que componen el álbum St Giles’ Cripplegate, y cuatro temas vocales inéditos, “simples” maquetas grabadas por Nitzsche entre 1971 y 1972. Sobre estos temas se despacha a gusto Denny Bruce en las notas que acompañan al CD. Íntimos amigos desde 1966, cuando se conocieron casi por accidente, Denny y Jack compartieron vivienda durante varios años, después de que Jack se había separado de su primera mujer. De esta forma Denny fue testigo de primera mano de cómo trabajaba Jack, en la intimidad de su hogar, con su piano. “We’ll Have To Stay” estaba inspirada por la letra de la canción “Words” de los Bee Gees: “Son sólo palabras, pero las palabras son todo lo que tengo, para ganar tu corazón”. Estaba emocionado al escuchar el tempo del Wurlitzer hacerse cada vez más lento, y escuchar esos “espacios” donde sabías que Jack mentalmente había posicionado su sección de cuerda para “no tomar prisioneros. Al final me tocó la canción terminada en su Steinway. Le dije que me encantaba tal y como estaba. Era puro “singer/songwriter”. Tenía la partitura ya hecha y me dijo, “no estoy seguro de si esta es una gran letra, y quién sabe como me saldrá la parte vocal, pero te voy a romper tu jodido corazón con estas cuerdas.” Pero la verdad es que Jack también podía conjurar una gran letra: “Girls are getting more and more like songs I hear / playing loud and sounding all the same”, canta en “Carly” una de esas demos olvidadas, y que le inspiró una actuación de Carly Simon en el Troubadour de Los Ángeles. En otra demo Jack cuenta con la presencia de un guitarrista de la talla de John Fahey, que sólo le puso como condición para tocar con él que no le plantase delante ninguna partitura.

La cancelación definitiva de este proyecto, a lo que había que sumar la resaca de la tensa gira con Neil Young y los Stray Gators, marca el comienzo de un periodo de gran frustración y resentimiento por parte de Jack Nitzsche hacia una industria que, creía, le había dado la espalda y traicionado, y le había sido además profundamente desagradecida. Denny Bruce explica los sentimientos de su amigo: “Tienes que entender que Ry Cooder, por ejemplo, consiguió su contrato con Warner solo porque Jack le trajo para trabajar con él en la banda sonora de Performance, y Cooder le apuñaló por la espalda, le dijo a Mo Ostin que Jack no estaba en forma para producirle. Jack también hizo mucho para ayudar a Neil a conseguir su contrato, y de nuevo no hubo trabajo de producción para él. Recuerda que “The Lonely Surfer” fue uno de los primeros éxitos pop de Reprise, cuando Mo Ostin era aún solo un contable.”

De forma que cuando terminó la gira con los Stray Gators junto a Neil Young, en 1973, Jack abandonó Los Angeles, y se retiró a la zona de bosques de secuoyas (los “redwoods”) del norte de California. Allí junto a su amigo Robert Downey, imaginaba una plaga purificadora que barriese y limpiase la ciudad. En una entrevista concedida a la mítica revista Crawdaddy! en 1974, afirmaba que “trabajaría en una gasolinera antes que seguirles el juego.” Y la verdad es que, en esa época, no tenía nada bueno que decir de casi nadie. Sobre Neil Young dijo que le había escrito los arreglos de Harvest para poder trabajar después con la London Symphony Orchestra en St Giles’ Cripplegate, añadiendo que el tour Young/Stray Gators había sido una completa tortura. Y sobre el propio Neil Young dijo que no era más que un millonario que no se preocupaba por nadie más que por él mismo. En fin, …


Impagables imágenes de la película "Girls! Girls! Girls!" (1962) Hal Blaine- batería, Steve Douglas- saxo y Jack Nitzsche- piano.

Saturday, November 28, 2009

JOHN PARKER COMPTON Live at Turk’s Head Coffeehouse, VMC Records, 2006

Cuando hace algunos años ya, y gracias al amigo Fernando Payno, descubrí el primer y único disco del grupo Appaloosa quedé fascinado. ¿Cómo era posible que un disco así hubiera pasado tan absolutamente desapercibido durante tanto tiempo? Ignorado por completo, ni siquiera una referencia ocasional en los más eruditos círculos. Pongámonos en situación. Año 1969, con apenas 19 años cumplidos John Parker Compton (guitarra y voz) y su amigo Robin Batteau (violín) se plantan en las oficinas de la discográfica Columbia Records en Nueva York y se ponen a interpretar sus canciones a las secretarias que allí trabajaban, de tal suerte que Al Kooper (por entonces productor de la casa) les escucha y les propone grabar ese mismo día una demo. Poco tiempo después se editaría el LP de Appaloosa, un disco que si me permiten la osadía, muy poco tiene que envidiar al “Astral Weeks” de Van Morrison. No en balde, y aunque eso sería desentrañar la historia que en otro momento nos proponemos contar, la labor de productor de Appaloosa apunto estuvo de recaer en las manos de Lew Merenstein, que se disputó con el propio Al Kooper el favor del grupo. Collector’s Choice reeditó por fin el disco en el 2005: enormes canciones de folk barroco, por fin, al alcance de cualquiera.

Pero antes de que todo esto ocurriese John Parker Compton (el padre de la criatura) componía sus primeras canciones y depuraba su técnica a la guitarra en su Boston natal. Allí se juntaría a dos músicos jóvenes como él pero de incipiente talento: el violinista Robin Batteau y el bajista David Reiser. El propio Compton nos cuenta cómo sucedieron las cosas: “Robin y yo empezamos a tocar en los coffeehouses de Boston y Cambridge en el verano de 1968 y además actuábamos todos los domingos por la tarde en el Cambridge Common Music Concerts. Era un evento al aire libre que se celebraba a una manzana de distancia de Harvard Square y que organizaba Bob Gordon. Como puedes imaginar el sitio se llenaba de gente y era una fiesta. Robin dejaba alucinado a todo el mundo con sus increíbles solos de violín. A Gordon acabamos gustándole y siempre nos dejaba un hueco en el cartel. Incluso hicimos de teloneros de Tim Hardin cuando estuvo tocando durante una semana en el Paul’s Mall de Boston. También abrimos para los Young Rascals en el Harvard Stadium.” Poco tiempo más tarde se les unieron Eugene Rosov y David Reiser. “Eugene vivía entonces en casa de los Batteau mientras estudiaba en Harvard, así que yo me acercaba por allí y ¡ya teníamos la banda! Hacia el mes de septiembre de 1968 Robin y yo comenzamos a ensayar las canciones con Eugene (cello) y David (Fender bass) en el garaje de los Batteau. Una noche tocamos en una fiesta en casa de un joven abogado de Brookline, Massachusetts que se ofreció a llevarnos a todos en avión hasta Nueva York para que pudiéramos hacer audiciones para las discográficas.” Y de esta forma cerramos el círculo y llegamos de nuevo al principio de nuestra reseña y a la famosa audición en las oficinas de Columbia… Lo que este CD que os presentamos recoge es parte de una actuación de John, Robin y David en el Turk’s Head Coffeehouse (en Cape Cod, Massachusetts) un mes antes de ser “descubiertos” por Al Kooper. De los siete temas sólo dos (“Green Brown Sound” y “Subway”) no pasarían el corte y quedarían fuera del disco de Appaloosa, y los cinco restantes nos muestran hasta que punto tenían trabajados los arreglos definitivos de estas canciones. Cuenta Compton que “en realidad dos tercios de las canciones del álbum están producidas con un sonido muy acústico. Por ejemplo, canciones como “Pascal’s Paradox” o “Tulu Rogers” son sólo guitarra, violín y bajo. Sin embargo, mientras las sesiones de grabación iban progresando Al se trajo a miembros y más miembros de Blood Sweat & Tears para tocar en las canciones y luego trajo a su amigo Charlie Calello para arreglar “Biweekly” y “Now That I’ve Found You”. Otra canción que Al “Kooperizó” fue “Rosalie”, que Robin y yo habíamos interpretado durante años como un tema folk. No pude con esos arreglos que hizo hasta pasados un par de años.” Pues si tenéis el disco de Appaloosa y este CD del que hoy hablamos, podréis comprobar a lo que John Compton se refiere. La calidad de las interpretaciones de estos chavales sorprende sobremanera, la seguridad y confianza, pero sobre todo la calidad que atesoran estas canciones: pese a estar fuertemente influenciado, sobre todo, por Tim Hardin, Compton logra componer un material original y enormemente personal, que le diferencia claramente de sus contemporáneos.

Al CD se le añaden otras 8 canciones grabadas en directo en los estudios de la emisora WHRB de Cambridge y en casa aquel mismo año. En su mayoría temas "nuevos", que Appaloosa no llegaron a registrar, pero que mantienen el nivel de calidad y, sobre todo, su personalidad realmente única. El disco está disponible a través de cdbaby, y si queréis completar la información sobre John Parker Compton os sugiero una reciente entrevista a cargo de Nick Warburton en la web garage hangover. Además en la web de Appaloosa anuncian que el grupo original se ha reunido y están preparando nuevas grabaciones. Las declaraciones de Compton que aquí reproducimos están extraídas de las notas a cargo de Richie Unterberger para la reedición del disco de Appaloosa.


___________________________________________________
En los archivos de Otoño Cheyenne hay un sensacional artículo a cargo de Fernando Payno, que repasa la trayectoria de JP Compton como es debido, y que esperamos poder publicar muy pronto a través de nuestra rama impresa.

Friday, November 20, 2009

THE PALACE OF LIGHT “Beginning Here And Travelling Outward” Bam Caruso, 1987 & MABEL JOY “Wish I Was” Bam Caruso, 1993 (Discos a recuperar 9 y 10)

Ya habíamos traído al sello Bam Caruso por aquí con anterioridad (el disco de Nick Haeffner). Favorito entre favoritos, sin duda, de esos que intentas coleccionar todo. Aparte de su pionera labor, durante los primeros ochenta, en el descubrimiento de las joyas ocultas de la psicodelia inglesa de los sesenta, de acuñar el término freakbeat, y de marcar los pasos a seguir en Europa para todo sello de reediciones que ha venido después, conviene reivindicar también su labor editando alguno de los grandes discos ocultos de los ochenta. Como éste que hoy nos ocupa. Phil Smee (capo de Bam Caruso) los definía así: “The Palace Of Light eran uno de nuestros secretos mejor guardados. Un grupo de tipos afines que se postraban ante el altar de Cyrus Faryar, Fred Neil, Scott Walker y Mickey Newbury, y que tenían un cantante con una voz impresionante. Su disco de debut contenía temas de proporciones épicas y debería estar disponible de nuevo.” Bien cierto. Alejados de los excesos de producción de los ochenta (que lastraron tantos buenos discos), pero recogiendo a la vez lo poco bueno de esa época, “Beginning Here…” es un disco de pop-rock de difícil catalogación. Canciones enormes, de emoción a flor de piel, bordeando la épica como decíamos, que a nosotros por momentos nos traen a la cabeza lo mejor del pop-rock australiano de entonces, The Church, los Triffids o incluso los Go-Betweens, y también grupos americanos como American Music Club. El peso del grupo lo llevaban las personales canciones de Mark Brend (guitarra) y Geoff Smith (voz y guitarras), y se completaba con el multiinstrumentista Matthew Gale. Además de las influencias americanistas citadas encontramos en su sonido pocos rastros que los delaten como el grupo inglés que eran.

Únicamente editaron este LP, además de un EP de 12” que contenía 3 canciones (una de ellas no incluida en el álbum) y un single, todo ello también en Bam Caruso. Pasaron unos años, un pequeño cambio en la formación (sustituyeron al batería), y The Palace of Light reaparecieron como Mabel Joy en 1991 con un single autoeditado que contenía dos perlas del calibre de “Catherine” y “Books”, tal vez lo mejor que llegarían a grabar. Fue precisamente esta última canción la que nos introdujo en la música de Palace Of Light / Mabel Joy, pues aparece en el recomendabilísimo “Head Sounds from the Bam-Caruso Waxworks, Vol. One” editado por RPM hace ya casi diez años, y que hace un repaso a través de 22 temas de la historia del sello con notas a cargo del propio Phil Smee. Curiosamente el tema lo acredita Smee a The Palace of Light, cuando en realidad el grupo ya había cambiado de piel.

Mabel Joy sólo llegaron a editar un CD titulado “Wish I Was” (1993) que, curiosamente, fue la penúltima referencia que editó Bam Caruso. Pero, ¡qué disco! Doce canciones sin piedad, emocionantes hasta el tuétano. Abrazando referencias más americanistas (folkies como Tim Buckley –se incluye cover de su "Buzzin' Fly"-, Tom Rush o Tim Hardin) pero sin ceñirse a estilo alguno y siguiendo su propia visión. Supongo que hacían el tipo de música destinada a ser degustada y apreciada por una minoría. Nick Robbins, productor del disco (y en la actualidad eminencia gris detrás de multitud de lanzamientos de sellos como Rev-Ola o Ace), ya daba pistas cuando apuntaba en las notas del disco que la meta sería conseguir capturar el sentimiento de un grupo tocando en directo con un mínimo de artificio técnico. Aquí me recuerdan, por momentos, a los American Music Club de “California”, aunque los bonitos arreglos de cuerda y las voces femeninas que acompañaban muchas de las canciones, les sitúan una vez más en un terreno propio e intransferible. Es de suponer que el disco pasó totalmente desapercibido, ya que resulta harto difícil encontrar información sobre el mismo o siquiera localizar una copia del disco. En fin, yo les recomendaría que los buscasen sin descanso, tanto el CD como el single, y ya me dirán!


Finiquitados Mabel Joy, Brend y Gale formaron en 1995 Fariña (¿una nueva referencia a los folkies que tanto les gustaban?) y como tal han editado hasta la fecha un par de muy recomendables discos para Pickled Egg Records. Pero esa es ya otra historia que merece discusión aparte. Como curiosidad final apuntar que Mark Brend es el autor del apreciable “American Troubadours” (Backbeat Books), un repaso a las carreras de algunos de los más significativos cantautores americanos de los sesenta y primeros setenta (¡se acuerda de David Blue!). El círculo se cierra.

Wednesday, September 02, 2009

BOB LIND, de nuevo!

Aunque ya le dedicamos post, el cartel y el vídeo bien merecen una pequeña repetición. Además nos han chivado que el concierto se va a grabar con vistas a una posible edición de un disco en directo con los mejores momentos de esta mini-gira europea (tiene además 4 fechas en el Reino Unido). Recordamos:

BOB LIND, 16 de septiembre, Bilbao (Colegio de Abogados) 20:00 horas, entrada gratuita.


El cartel es cortesía de Sonia Paredero.

¡Impresionante! Fijaros en la banda: Jamie Hoover ( The Spongetones) a la guitarra, Matt Cook teclados, Kevin Jarvis a la batería y David Carpenter al bajo.

Sunday, August 02, 2009

ESPECIAL POWER POP AUSTRALIANO / SAGA STEMS (Local de Ensayo, 9/04/93 y 1/05/93): ¡EL POP ES VIDA!

Que duda cabe que las míticas cassettes fueron las que más directamente sufrieron el advenimiento de la tecnología digital. Prácticamente en lo que ahora parece un abrir y cerrar de ojos, dejamos de grabarnos cintas para grabarnos CD’s, y de ahí al uso indiscriminado del mp3 y el ipod van sólo unos pocos pasos más. Pero lo cierto es que las k7’s fueron un ítem imprescindible en nuestra educación musical. Curioso que nunca las cintas llegaron a matar a la música, como aquellos curiosos logos sentenciaban en las contraportadas de los vinilos a principios de los 80. Al contrario más bien, eran las k7 la forma más económica (sobre todo en presupuestos de adolescentes con exiguas pagas) de transmisión musical que teníamos para saciar nuestras ansias escolares. Cuando tenías dinero suficiente invertías en un vinilo. Si obviamos el claro inconveniente de la calidad del sonido, lo cierto es que grabar una cinta en condiciones suponía un ritual que hoy en día se ha perdido totalmente (véase “Alta Fidelidad”): la grabación había que hacerla forzosamente en tiempo real (60 o 90 minutos, lo más habitual; 45 o 120 lo extraordinario), con todo lo que ello conlleva de paciente preparación, selección y, finalmente, ejecución. Nada que ver con la dichosa inmediatez y agobiante velocidad de transmisión de hoy en día, y mucho menos con el indiscriminado y aborregado almacenamiento de música que las nuevas tecnologías han propiciado.

El hecho es que las k7 cumplían perfectamente su misión: grababas los discos de tus colegas, le hacías una selección de tus joyitas a alguien especial… pero también podías grabar de la radio canciones favoritas, eventos especiales o incluso programas enteros. Y es que la radio era antes la depositaria del acervo musical: todo lo que no llegabas a abarcar con los discos que podías comprar o las cintas que grababas, lo tenías que fiar a las ondas hertzianas. Y sobre todo a un puñado de locutores que con sus programas eran faro y guía de tus pesquisas musicales. Y eso sí que creo que es algo que hoy en día se ha perdido totalmente (o casi, vaya). Para bien o para mal.

Y toda esta perorata a cuenta de las “virtudes” (¡quién lo iba a decir!) de las cassettes, viene a cuento de que curioseando entre las casi olvidadas cajas donde ahora las almaceno, encontré por fin dos que llevaba tiempo queriendo volver a escuchar: la grabación del especial radiofónico que da título a este post. “Local de Ensayo”, el programa dirigido por Fernando Gegundez, se emitía entonces a través de Euskadi Gaztea (la emisora juvenil de Radio Euskadi, antes lo sintonizaba en Tas Tas Irratia, creo) y en él se repasaba tano la actualidad de la escena local (maquetas, conciertos…) como nacional e internacional, y constituía una referencia ineludible para estar al tanto de todo lo que por entonces se cocía y era de interés. Además de las emisiones regulares del programa, Fernando tenía el buen gusto de, en los días festivos, emitir programas especiales monográficos. En esta ocasión se traía como invitado a Eduardo Ranedo, gran aficionado a todo lo que oliese a melodía y armonías. Yo creo que Edu aún no había empezado a colaborar asiduamente con la revista Ruta 66… Obviaremos detalles biográficos de los grupos, pues seguramente son de sobra conocidos… y si no, ¡qué gran excusa para ponerse a buscar!

De la primera parte del programa empecé grabando las canciones solamente, de lo que ahora me lamento profundamente, pues los comentarios entre canción y canción, sobre todo a medida que avanzaba el programa y el engorile iba en aumento, no tienen desperdicio. Y empezó la cosa como si nada con The Church y “The Unguarded Moment”. Supongo que descubrí entonces esta canción, pues no tengo memoria o recuerdo anterior, y ¡que momento fue aquel! Es una de mis canciones favoritas de todos los tiempos, y con las que inmediatamente le siguieron, supuso faro y guía en años posteriores de pesquisas musicales, e incluso, forjadora de amistades que duran hasta hoy en día. ¡Ah, que gloriosa e inspiradora primera parte de programa! Clásicos del power pop australiano que automáticamente pasaron a ser clásicos de la banda sonora de mi vida. Qué más puedo decir... Y si no, juzgar vosotros mismos:

1.- THE CHURCH “The Unguarded Moment” (single, 1981)
2.- THE SUNNYBOYS “Happy Man” (LP, 1981)
3.- THE SUNNYBOYS “Let You Go” (LP, 1981)
4.- THE SUNNYBOYS “Alone With You” (LP, 1981)
5.-PAUL KELLY & THE DOTS “Recognition” (EP; 1979)
6.- HOODOO GURUS “I Want You Back” (LP, 1984)
7.- HOODOO GURUS “My Girl” (LP, 1984)

Los Sunnyboys, con ese su primer LP que es un clásico de cabecera absoluto, o que decir de Paul Kelly (aquí sonaba uno de sus primeros temas con un sonido nueva olero total) y los Hoodoo Gurus con, probablemente, las dos canciones más emblemáticas de su primer LP “Stoneage Romeos”. Con el tiempo conseguí poco a poco hacerme con las copias originales de estos y otros de los discos que sonaron en el programa. Recuerdo especialmente que encontré una copia del primer LP de los Sunnyboys y del primer single de los Someloves (ver más adelante) en el catálogo de vpc de la tienda Emily Discos de Madrid. ¡No me lo podía creer! Antes de Internet no era fácil realizar este tipo de hallazgos.

Después de la intro a base de esos clásicos, se dio paso a la segunda parte del programa, y el motivo de la presencia de Eduardo Ranedo, la “saga Stems”. Y siguen sucediéndose los momentos memorables: al hilo de la sagas en el pop (se cita a Byrds, Bevis Frond, Flamin’ Groovies…) y los árboles genealógicos, Fernando apunta a la saga de los bilbaínos Los Primitivos como un proyecto en mente y Edu, no pudiendo reprimir por más tiempo su curiosidad, le pregunta si es cierto que tocó el bajo con ellos. Sí, fue su séptimo bajista… Vamos que la saga de los Primitivos no se la saltaba ni Peter Frame con uno de sus árboles. La risa garantizada, siempre. Después de la dispersión y las risas se da ya paso a la “saga Stems” (el grupo formado en Perth a mediados de los 80 por Dom Mariani y Richard Lane) y a canciones de su impecable repertorio. Se traza perfectamente su evolución de garage-pop claramente sixties a grupazo de pop con mayúsculas, con dos temas majestuosos y sublimes:

8.- THE STEMS “No Heart” (demo 84, flexi-Splendid magazine, 1986)
9.- THE STEMS “She’s A Monster” (primer single, Citadel, 1985)
10.- THE STEMS “Love Will Grow” (EP Citaddel, 1986)
11.- THE STEMS “At First Sight” (LP, 1987)
12.- THE STEMS “Can’t Turn the Clock Back” (LP, 1987)

Y de ahí a los grupos de la saga, empezando por los Summer Suns de Kim Williams (otro nativo de Perth), un grupo de estudio esencialmente, con miembros intercambiables, y con los que Dom Mariani colaboraría en distintos momentos. Tras sonar el último acorde de “All Away” (cara A de su segundo single) se produce uno de los momentos cumbre del programa, y que resume las emociones transmitidas a lo largo de él:

Fernando.- ¡Amigo Eduardo, estoy epatado!
Eduardo.- Bueno, teníais que ver la cara de Fernando…
Fernando .- … estoy epatado…
Eduardo.- No, es una canción muy bonita como habéis visto…
Fernando.- ¡Qué bonita!... es que… ¡el pop es vida!
Eduardo.- ¡Total!

¿Queda algo por añadir? Pues no. Pero el programa sigue adelante, con una canción más de los Summer Suns “Love In Stone” (de su único LP de 1991 “Calpurnia”, y con participación a la guitarra del gran Kim Salmon) para llegar a otro momentazo absoluto. Segundo grupo de la saga, The Someloves. En un viaje relámpago de Perth a Sydney en el año 86 Dom Mariani conoce a Darryl Mather (ex -Lime Spiders) y tras componer un par de temas reclutan al bajista de los Happy Hate Me Nots y al batería de los Stems para grabar lo que será primer single de los Someloves. El single, con portada del ilustrador Jim Wylie, fue un exitazo en Australia… La cara A, “It’s My Time” que como dice Edu “empieza como si tal cosa, pero que llega un momento en que los coros empiezan a caer como las cataratas del Niágara…”… se convirtió también en ¡¡¡ otro de mis temas favoritos de todos los tiempos (y van…)!!! El único álbum de los Someloves, “Something or Other” publicado en 1989 es uno de los mejores discos de powerpop jamás publicados, y de él suena “Sunshine’s Glove”. Y llegamos ya al final del programa con la que, hasta entonces, era la más reciente entrega de la saga: el nuevo grupo de Richard Lane, The Rosebuds que acababan de editar un CD-EP de 5 temas y “Lonely For You” un temazo que confirmaba la buena salud de este fructífera genealogía.

13.- THE SUMMER SUNS “All Away” (single, Waterfront, 89)
14.- THE SUMMER SUNS “Love In Stone” (LP, 1991)
15.- THE SOMELOVES “It’s My Time” (single Citadel, 1986)
16.- THE SOMELOVES “Sunshine’s Glove” (LP, Mushroom, 1989)
17.- THE ROSEBUDS “Lonely For You” (Mini-CD, Rubber, 1992)



Como veis torpemente hemos tratado de hacer lo inaudito, ¡retransmitir un programa de radio!, pero la pasión y amor por la música Pop que dos fans como Edu y Fernando demostraron en esas dos horas mágicas tuvieron efectos definitivos en la educación musical de quién esto escribe hoy, y esto, es lo que importa. Decir que este programa marcó un antes y un después no constituiría pues una exageración en absoluto. Y como dice Fernando al terminar “esto toca a su fin y hemos estado inundados durante dos horas de tremendas melodías que han hecho más feliz nuestra vida”. Os deseo lo mismo.

Post-scriptum:

Curiosamente por aquella época el fanzine “La Herencia de los Munster” publicaba su número nº 11 (¿el último que hicieron?) que contenía un excelente artículo titulado “The A-Z of Australian Power-Pop”. Escrito por Jim Wylie, se daba un repaso a lo mejor de esa escena desde los 60 (bandas como Easybeats o Masters Apprentices) hasta los primeros 90, e incluía un particular top 25. Muy recomendable. Igualmente el primer número del fanzine madrileño Snap!! aparecía por aquella época y de entre su excelso contenido destacaba un detallado análisis de toda la saga Stems. Pero de este estupendo zine hablaremos en otra ocasión.

Finalmente, no hemos podido resistir la tentación de realizar una pequeña selección complementaria a las canciones ya mencionadas. Una excusa más para seguir indagando en la fértil escena australiana de los ochenta. Aquí van pues otras 10 gemas de pop australiano de los 80 (sin orden especial):

1.- The Living Kind, UPS & DOWNS, 1986
2.- Don’t Go To Sydney,THE ZIMMERMEN, single y LP 1985
3.- With Which To Love You, THE BAMBOOS, Single 1986
4.- Almost With You, THE CHURCH, single 1982
5.- Frantic Romantic, THE SCIENTISTS, single 1979
6.- Everybody Moves, DIED PRETTY, single 1989
7.- Gossip, PAUL KELLY & THE COLOURED GIRLS, 2LP, 1987
8.- Mars Needs Guitars, THE HOODOO GURUS, LP 1985
9.- Soul Rejection, HAPPY HATE ME NOTS, single 1988
10.- Toast, THE MAD TURKS, LP, 1989

Wednesday, July 22, 2009

BOB LIND, ¡en Bilbao el 16 de Septiembre!

Estamos de enhorabuena, Bob Lind el legendario cantautor americano de mediados de los sesenta estará actuando el próximo 16 de septiembre en Bilbao (Colegio de Abogados, 20:00 horas, entrada gratuita), en su primera y única actuación en nuestro país. Seguramente su máximo reclamo comercial sea la canción "Elusive Butterfly" que compuso y grabó en 1965, y que fue un éxito en las listas americanas y de medio mundo a comienzos de 1966, y una de esas canciones que inevitablemente aparecen en discos recopilatorios de esa milagrosa década. Originario de Denver, Lind era un cantautor más en el circuito folkie de los “coffeehouses” de la ciudad tratando de labrarse una reputación hasta que decidió probar suerte en la Costa Oeste, mudándose a San Francisco primero y después a Los Ángeles. Allí llamó la atención del sello World Pacific (recién adquirida por Liberty) que andaba buscando su propio Dylan y apostaron por Lind, fichándole también como compositor para su brazo editorial Metric Music. El jefe de Metric entonces, Lenny Waronker puso a Bob en contacto con el gran arreglista y productor Jack Nitzsche (estrecho colaborador de Phil Spector y mano derecha de Neil Young en sus inicios), intuyendo que algo bueno podía salir de aquella combinación. Y no se equivocaba: Nitzsche y Lind conectaron inmediatamente y de esa química tan especial que lograron quedan para la posteridad los dos LP’s en los que colaboraron: “Don’t Be Concerned” y “Photographs of Feelings” (ambos 1966), en donde fundían el naciente sonido folk-rock con estilizados arreglos de cuerda. Los dos discos han sido reeditados conjuntamente por el sello inglés Ace (“Elusive Butterfly: The Complete Jack Nitzsche Sessions”), y no se nos ocurre mejor introducción para los que no los conozcáis. Pensad en Tim Hardin, un poco de Nilsson, el primer Neil Young, algo de Dylan… todo ello pasado por el genio de un todo terreno como Nitzsche agrandando con los más imaginativos e inspiradísimos arreglos las melodías y letras que escribía Lind. Después de que no se repitiera un éxito como el de “Elusive…”, la relación de Bob Lind con su sello y con el propio Jack Nitzsche (la mezcla de drogas y alcohol tampoco ayudó) se enfrío y acabo rompiéndose.

Richie Furay (Buffalo Springfield vocals/guitars), Dewey Martin (B.S. drummer), Lind, Neil Young, Stephen Stills, Dickie Davies (B.S. manager), en un club de Los Angeles.

Tras un periodo de dudas publica su último álbum de estudio hasta la fecha “Since There Were Circles” para el sello Capitol en 1971. Producido por Doug Weston (propietario y manager del mítico club de L.A. The Troubadour) y con la colaboración de, ente otros, Gene Clark, Carole Kaye o Bernie Leadon, se trata de una de esas joyas que sólo el tiempo ha podido poner en su sitio. Canciones escritas en una época que el propio Lind describe como dura (“las drogas y el alcohol me estaban matando… algunas de las canciones están escritas desde el fondo de ese agujero, pero a la vez otras tratan sobre la esperanza a través del descubrimiento de un nuevo amor”). La reedición en CD a cargo de RPM en 2006 no solo recupera los 11 temas del álbum original (brillantes melodías de folk-rock), sino que además incluye otras cinco canciones grabadas entonces pero nunca publicadas. La prensa inglesa se deshizo en elogios y propició el redescubrimiento de la figura y obra de Lind.


Hoy Bob Lind vive en Florida, donde continúa escribiendo canciones y tocando con cierta regularidad. Hace un par de años editó "Bob Lind Live At The Luna Star Cafe" y en la actualidad está en fase de producción un documental sobre su vida. Como dato curioso podemos decir que, según consta en su página web, más de 200 artistas han grabado sus composiciones (desde Aretha Franklin a Eric Clapton, pasando por Cher, Dolly Parton, The Turtles, Nancy Sinatra, los Four Tops o Marianne Faithful). En todo este revivido interés por su figura y su música tiene mucho que ver el tener fans como Richard Hawley, Sean O'Hagan (High Llamas) o el mismísimo Jarvis Cocker que le dedicó la canción "Bob Lind (The Only Way is Down)" en el álbum de Pulp "We Love Life". Como hemos dicho esta será su primera y única actuación en nuestro país, y además coincide con una mini-gira europea que le llevará además por el Reino Unido donde tocará en el prestigioso End of The Road Festival.

Sunday, June 21, 2009

VAL STÖECKLEIN “Grey Life”, Dot, 1968 (Discos a recuperar, 8)

Uno de los placeres que los buscadores de perlas escondidas más apreciamos es cuando, revisando las cubetas en una disquera cualquiera, nos topamos con una portada de un disco que nos llama la atención, que de alguna forma, por alguna razón, nos atrapa. Nada sabemos sobre él, sólo que con esa portada la cosa muy mal no nos puede ir. Entonces escudriñamos la contraportada en busca de algún dato que nos sitúe: productor, arreglista, músicos, fechas, estudios… Pero nada, o muy poco nos revelan estos datos (si los hay). Con suerte, podemos sacar el disco de su funda y nos afanamos, en un desesperado último intento por confirmar la ascendencia de nuestro hallazgo, por ver si de entre los créditos de las canciones algún nombre nos puede confirmar nuestra primera impresión. Aceptamos el riesgo y pasamos por caja…

Algo parecido me sucedió con este disco de Val Stoëcklein que encontré hace unos años en una curiosa tienda de Amsterdam (en su planta noble vendían ropa y complementos para skaters pero en el sótano disponían de una bien nutrida tienda de discos) por tan solo 7,50 euros. Sólo con ver la portada ya tenía decido comprar el disco. Además en los créditos figuraba como productor Ray Ruff y los estudios Gold Star de Los Angeles, y leyendo las notas se revelaba que este sujeto de curioso nombre había liderado a los Blue Things. El año de edición 1968. No había duda.

Entran los primeros acordes de una guitarra de doce cuerdas, los preciosos arreglos de cuerda y finalmente la voz, y uno intuye que entra en un terreno conocido: aquel que ocupan los Gene Clark, Ron Elliott, Bob Lind o Nilsson. Estos son los primeros referentes que me vienen a la cabeza, tal es la envergadura del talento de este hombre. Se trata de un repertorio de canciones tristes e introspectivas, agrandadas por los arreglos de Dick Hieronymus, un profesional alejado del mundo del pop. Sin embargo, el efecto de esta mezcla de canciones acústicas con arreglos “bombásticos” confiere al conjunto un poderoso atractivo. Once canciones de melodías portentosas, personales introspecciones narradas por la singular voz de Val. El disco deja un profundo poso de melancolía, pero resulta a la postre irresistible, y uno se encuentra retornando a él una y otra vez. Como sucede con el disco homónimo de Gene Clark.

Como supondréis el disco pasó totalmente desapercibido, pese a que Ray Ruff (entonces A&R de Dot Records) orquestó una ambiciosa campaña promocional. Pero Val se negó a tocar en directo y el imprescindible hit-single que necesitaba nunca llegó a materializarse. Pese a que grabó un nuevo single para Dot, la carrera de Val llegó a un punto muerto. Continuó trabajando para Ruff, escribiendo canciones para otros artistas, pero nunca más volvería a grabar bajo su propio nombre. Años después abandonó L.A. y retornó a su Kansas natal a mediados de los ochenta. Pese a que según parece grabó un buen puñado de maquetas a lo largo de varios años, ninguna ha visto la luz del día. Poco antes de su primer viaje a L.A. en 1967 había pasado tiempo en una clínica donde le diagnosticaron un trastorno bipolar: esto explicaría su errático comportamiento. Cuando fue hallado muerto en su casa a los 52 años en 1993 ni siquiera apareció un obituario en el periódico local de Hutchinson (una tranquila población en el Sur de Kansas, donde vivía). Su familia adujo un problema cardíaco como causa de la muerte. Sus amigos hablaban de un tipo tímido, sensible, y frágil.

Tal vez después de todo, esta portada fuera la perfecta descripción de este hombre y su vida. Fijaos bien ella. El disco se encuentra disponible hoy en día a través del sello Fallout con el añadido de los dos temas del single posterior al álbum.