Saturday, May 31, 2008

DION: Los años en Columbia y el disco perdido de folk-rock (1962-1965)

Lo comentábamos al hablar de la edición de “Home & Away” de Del Shannon, el exquisito sello inglés Ace realizaba a juicio de Otoño Cheyenne una de las más meritorias reediciones aparecidas en 2007, la que recuperaba el álbum “Dion” aparecido originalmente en el sello Laurie en 1969. Con este disco Dion volvía a las listas de éxitos gracias al tema “Abraham, Martin And John”, después de unos años de ausencia de las mismas, a la vez que ponía fin a su relación con el sello Columbia y a una etapa de desiguales resultados en lo artístico y comercial. Afortunadamente esta época también está hoy bien documentada gracias a una serie de ediciones que han ido apareciendo en los últimos años, y de ella nos vamos a ocupar esta vez.

Columbia Records era a comienzos de los años 60 uno de los gigantes de la industria discográfica, aunque su fuerte entonces no era el rock’n’roll precisamente. Sí en cambio toda una serie de artistas que lo despojaban de su alma para hacerlo asequible a la bien pensante masa –y a la propia industria por el mismo precio-, además de las clásicas secciones de la casa, bien surtidas de artistas de música jazz, country y música melódica, estilos que verdaderamente constituían la columna vertebral sobre la que se sustentaba el sello. La amenaza del rock’n’roll se cernía pues sobre una industria temerosa, que desconocía hasta qué punto y de qué manera le podía afectar. El hecho es que, presagiando el cambio que se avecinaba y queriendo tomar posiciones antes de que fuera demasiado tarde, Columbia apostó por Dion para que de alguna manera les introdujera en este incierto nuevo mercado. Cierto que Columbia había fichado casi un año antes a un joven Bob Dylan, pero éste era aún una relativamente desconocida promesa, mientras que Dion, toda una estrella ya entonces, se convertiría en el artista mejor pagado del sello.

Es un auténtico deleite contemplar las fotos que adornan el libreto que acompaña a la retrospectiva "The Road I’m On" que, de forma tan generosa, repasa la poco conocida etapa en que Dion fue un “Columbia recording artist”. Son instantáneas tomadas en el Studio A que la discográfica Columbia tenía en Nueva York, en el número 779 de la Séptima Avenida,muy cerca del Brill Building. Dion aparece entre músicos y en solitario, acompañado con su guitarra, o cantando ante un micrófono. Desde la primera toma, que data de 1962, hasta la última, tomada tres años más tarde, se nos presenta a un Dion elegante, impecable, pero despojado de la rigurosa corbata que normalmente lucía con los Belmonts o los Del Satins, y en cierto modo buscando distanciarse de esa imagen para adolescentes que se había labrado hasta entonces. Así la instantánea de Dion en 1965, con gafas negras y barba, el pelo engominado y guitarra en ristre, es ya la de un músico en el comienzo de una carrera en busca de su verdadera identidad artística, la que junto a su etapa anterior, le ha convertido hoy en día en uno de los artistas más admirados y respetados de su generación.

Estilísticamente, casi podíamos dividir en tres apartados el total de la producción de Dion para Columbia entre 1962 y 1965. Tres LP’s y un puñado de singles que abarcan un curioso abanico de canción melódica estilo doo-wop con la que Columbia pretendía amortizar su inversión, el blues y folk-rock. Pese a que consiguió grandes resultados en el primero de los apartados, es en sus inmersiones en el blues y el folk-rock donde Dion consigue sus más importantes logros artísticos.

Los primeros esfuerzos creativos de este nuevo periodo en la carrera de nuestro hombre, están contenidos en el álbum Ruby Baby, editado en 1963. El clásico tema escrito por Leiber y Stoller y que los Drifters interpretaron con Johnny Moore como voz solista en 1955, es un muy buen indicador de por dónde van los tiros de este “nuevo” Dion. Voz bluesera, guitarra acústica, un mínimo acompañamiento percusivo, coros y una buena dosis de palmas, para insuflar nueva vida a este clásico tema. El enganche estilístico con su etapa anterior aún se mantiene, pero comienzan a adivinarse exploraciones en territorios vírgenes hasta entonces. Así, el álbum contiene una trepidante versión del clásico “Fever”, las originales “Will Love Ever Come My Way” y “Gonna Make It Alone”, en las que, efectivamente, comprobamos claramente esta nueva aproximación. Pero Columbia no renuncia a incluir otros temas de un repertorio más previsible para su estrella, como “Go Away Little Girl”, “My May” o “You Made Me Love You”. Mucho más centrado y coherente resulta su siguiente disco, Donna The Prima Donna (1963). Por lo menos la selección de temas resulta más apropiada, y junto al clásico que da título al álbum, original de Dion y Ernie Maresca y que sigue la estela doo-wop que tanto amaba Dion, hay tremendas canciones como las versiones “This Little Girl” (Goffin/King) o “Can’t We Be Sweethearts”. Todo lo cual hizo que 1963 fuera un año de tremendo éxito para Dion, que consiguió meter nada menos que tres temas en el top-10.

Pero la situación cambiaría bastante cuando al año siguiente Dion desaparece prácticamente de la escena. Su adicción a la heroína se hace más preocupante, y Dion comienza a luchar contra ella. Esta nueva etapa vital coincidirá con una más profunda inflexión en el giro estilístico que su carrera estaba tomando. Con posterioridad, alguien, muy acertadamente, acuñó el término “Bronx Blues”, para definir el recorrido que trazó Dion en toda esta segunda etapa en Columbia. Efectivamente, gran parte del numeroso material que Dion registró desde finales de 1963 hasta comienzos de 1965, está marcado por su amor por el blues de Robert Johnson, Willie Dixon o Lightin’ Hopkins. Pero también por el rock primigenio de Chuck Berry, el country desesperado de Hank Williams, o la música folk de Woody Guthrie. Todo ello sumado a la experiencia callejera neoyorquina de Dion, su pasado inmediato, y su particular forma de apropiarse hasta hacer suyas estas formas musicales, confluyeron en ese Bronx blues del que Dion sin lugar a dudas se convirtió en rey absoluto. Así nos encontramos con un repertorio ajeno que Dion hace propio con gran facilidad, redefiniendo clásicos como “Baby Please Don’t Go”, “900 Miles”, “Chicago Blues”, “Too Much Junkie Business”, “I’m Your Hoochie Coochie Man”, “Spoonful”, “Katie Mae” o “You Can’t Judge A Book By The Cover”. Algunos de estos temas, y otros muchos, permanecieron inéditos en su día, y los menos vieron la luz a través de una plétora de sencillos que fueron apareciendo en 1964 y 1965. Precisamente los dos últimos discos editados por Dion hasta la fecha, “Bronx Blues” y “The Son of Skip James”, son discos de blues: la voz y la guitarra de Dion repasando los grandes clásicos que tanto ama.

Paralelamente a su inmersión en el blues, Dion flirteará de forma reiterada, y con notables resultados, con un estilo emergente entonces, el folk-rock. El ejemplo más temprano lo encontramos en un tema original del propio Dion, “The Road I’m On (Gloria)”, grabado en enero de 1964, y que originalmente apareció como cara B del “I’m Your Hoochie Coochie Man”. ¿Qué pensaría el comprador de este sencillo en 1964? Por un lado tenía un casi ortodoxo blues, y por el otro a un Bob Dylan más melódico y sentimental que constituía un Dion casi inédito. Pues en esas estaba nuestro hombre en 1964, aunque el grueso de temas que dejó registrados ese año fueron sobre todo las versiones de los clásicos del blues que hemos mencionado anteriormente. Al año siguiente y coincidiendo con lo que a la postre fueron las últimas sesiones de grabación que realizó Dion en el Estudio A de la Columbia en Nueva York, la experimentación con el folk-rock pasó a un plano predominante. Estas sesiones estuvieron producidas por nada menos que Tom Wilson, uno de los máximos responsables de la electrificación de la música Folk: produjo el disco Bringing It All Back Home de Dylan y “Like A Rolling Stone”, y tuvo la brillante idea de añadir acompañamiento eléctrico al tema “The Sound Of Silence” de Simon & Garfunkel. Armado con un buen cargamento de temas propios, y repartiendo el tiempo en dos sesiones diferentes, Dion con la ayuda de Wilson, dejó grabados un conjunto de temas que de haber sido editados en su momento en un LP, hoy constituiría uno de los grandes discos de la época. Desde “Knowing I Won’t Go Back There”, una lúcida mirada atrás de su trayectoria, pasando por la bella “My Love”, con una sonoridad casi de soft/pop de la Costa Oeste, o la colaboración con Carlo Mastrangelo en “Tomorrow Won’t Bring The Rain” ´-de hecho son los propios Wanderers los que le acompañan en alguna de estas grabaciones-, el sonido mágico de las grandes producciones del folk-rock está aquí presente, y además las interpretaciones de Dion son de cortar la respiración, lo que unido a la evocación melódica de los temas, resulta un conjunto insuperable. Lástima algunas de estas grabaciones permanecieran inéditas (algunas aparecen repescadas en la recopilación de su época en Columbia The Road I’m On). Las más fueron incluidas en singles –en casi olvidadas caras B-, y las restantes en el LP Wonder Where I’m Bound, que Columbia editó en 1969. Para entonces Dion ya había abandonado la poderosa discográfica, y estaba de nuevo disfrutando de las mieles del éxito con el tema “Abraham, Martin And John”. Aprovechando así el momento, Columbia editó este álbum repescando temas de entre la multitud que Dion grabó en 1965, y otros de fechas anteriores. El que da título a la colección es original de Tom Paxton, otro folkie del Village, y procede también de una de las sesiones producidas por Tom Wilson. Pese a que el álbum no es sino el resultado de juntar diferentes temas procedentes de distintos momentos creativos, funciona en conjunto mucho mejor de lo imaginado, y se puede considerar su mejor disco de esta época.

¿Se imaginan, entonces, recrear ahora ese disco folk-rock que pudo ser? Gracias a la mencionada retrospectiva The Road I’m On, es posible. Producido por Tom Wilson.

Cara A:
- I Can't Help But Wonder Where I'm Bound (Tom Paxton)
- It's All Over Now, Baby Blue (Bob Dylan)
- Now (Dion Dimucci-Carlo Mastrangelo)
- Farewell (Dylan)
- Wake Up, Baby (Dion DiMucci)
- The Road I'm On (Gloria) (Dion DiMucci)

Cara B:
- Tomorrow won't bring the rain (Dion DiMucci- C. Mastrangelo)
- Time In My Heart For You (Dion DiMucci)
- My Love (Dion DiMucci)
- Knowing I Won’t Go Back There (Dion DiMucci)
- All I Want To Do Is Save My Life (Mort Shuman)

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Discografía indispensable:

*- Wonder Where I’m Bound (Columbia 9773, LP, 1969) Album original.
*- Bronx Blues: The Columbia Recordings (Columbia, 1991) CD sencillo que reúne lo mejor de su etapa en Columbia, a lo que se añade alguna rareza como la versión que hizo –y que permanecía inédita aún- del tema de Dylan, “Baby, I’m In The Mood For You”, que algunos aseguran es su mejor grabación.
*- The Road I’m On – A Retrospective (Sony Legacy, 01-486823-10, 1997) Doble CD que recoge gran parte de los temas de Bronx Blues…, aunque no todos, y al que se añaden numerosas grabaciones inéditas, aunque inexplicablemente se omite “Baby, I’m In The Mood For You”. Imprescindible.
*- Don’t Start Me Talkin’: Columbia Recordings 1962-1965 (SPV Blue, 2007) CD sencillo editado a la par que “Bronx In Blue” en 2007, y que no es sino una versión abreviada de “Bronx Blues”.

Friday, May 23, 2008

DUNHILL RECORDS: LOS PRIMEROS AÑOS, 1965-1967 (2ª parte)

Seguimos con nuestro especial sobre el sello Dunhill que dejamos iniciado el año pasado. Y lo hacemos buceando en las producciones de esta primera época del sello, la más interesante sin duda alguna, centrándonos por ahora en los primeros grupos que lanzó el sello.

En estos primeros dos años de actividad de Dunhill Records los dos grandes grupos que despuntaron fueron sin duda alguna The Mamas & The Papas y The Grass Roots, auténticos clásicos hoy en día del mejor pop californiano. Sin embargo, hubo otros conjuntos menos afortunados comercialmente pero que consiguieron editar un ramillete de canciones realmente encomiables. Es el caso de The Thomas Group y The Iguanas, que dejaron su pequeño legado exclusivamente en formato siete pulgadas (sin que hasta la fecha hayan sido editadas en formato digital), y que pasamos a tratar a continuación.

Al igual que otros combos de la época (como Gary Lewis & The Playboys o Dino, Desy & Billy) THE THOMAS GROUP se formó alrededor de el más joven, Tony, de los 3 hijos de Danny Thomas, un ilustre personaje del “show business” americano, que participó en series tan famosas, sobre todo al otro lado del Atlántico, como “Make Room For Daddy” o “The Dick Van Dyke Show”. Entre sus amistades se podían citar a Bob Hope, Geoge Burns, Frank Sinatra o Sid Caesar. Un pez gordo, vaya.

Si nos fiamos de las siempre curiosas notas que aparecían en las contraportadas de los discos de la época, donde se narraban las vicisitudes de los grupos, Tony Thomas (betería), Greg Gilford (órgano y vocalista principal), Marty Howard (guitarra solista), Robert Wallerstein (guitarra rítmica) y David Goldsmith (bajo) se conocieron en un instituto de Beverly Hills. Todos eran auténticos entusiastas del baloncesto, pero deciden formar un conjunto musical, algo mucho más molón, sin duda alguna. Dunhill los descubrió y les firma un contrato de 5 años. Todo fue así de rápido, y por eso alguien los describió como “the fastest rising rock n’ roll group” (hay que tener en cuenta que entonces los grupos que incluían a un hijo de famoso estaban de moda). Asignados a los compositores y productores del sello, P.F.Sloan y Steve Barri, ambos quedaron impresionados con el grupo y su sonido. Era, para Sloan y Barri, una nueva oportunidad de que alguien grabase sus canciones, y así se pusieron manos a la obra. En marzo de 1966 editaron su primer single para Dunhill, “Penny Arcade/ Ordinary Girl”. Al parecer no tuvo la menor trascendencia a nivel de ventas o en las listas, pero sin duda alguna constituye uno de los mejores y más inspirados trabajos del tandem Sloan/Barri. “Penny Arcade” es la perfecta canción pop de los años 60: un estribillo irresistible, coros celestiales, optimismo desbordante… Me resulta muy difícil permanecer impasible cuando escucho esta canción. Si The Thomas Group, o cualquier otro conjunto de la época, hubieran logrado un éxito con este tema, hoy en día sería considerado todo un clásico de la época.

En el mes de mayo del ’66 editan su segundo sencillo “Autumn/Don’t Start Me Talkin’ Bout My Baby”, que según recuerda el propio Steve Barri llegó a colarse en las listas de éxitos. A raíz de ello aparecen en el mítico Ed Sullivan Show ante una audiencia estimada, como suele decirse, de 30.000.000 de espectadores (¡!), donde el propio Ed les describe como un conjunto con un “sonido rock suave y groovy”. Inician así una frenética actividad de promoción durante los siguientes meses de 1966, que les llevará a realizar varias apariciones en shows televisivos de la costa oeste y del estado de Utah, o una gira por siete estados de la Costa Este como parte del Dick Clark Tour –en estos bolos, de unos 30 minutos de duración, aparte de sus propios temas, interpretaban versiones de “Mr. Soul” de Buffalo Springfield y “Reason To Believe” de Tim Hardin-. Gusto, desde luego, no les faltaba.

Así las cosas, y esperando aun conseguir ese hit que rompiera definitivamente, en enero de 1967 editan su tercer sencillo, “I’ve Got No More To Say/Then It Begins”, compuesto y producido, nuevamente, por Sloan/Barri. El esperado éxito no llegó, aunque parece ser que el disco tuvo cierta repercusión en ciertos mercados regionales, como en tanda, estado de Nueva York. Mientras tanto todos sus componentes habían comenzado sus estudios universitarios, y parece que el interés por el grupo quedó relegado a un segundo plano.

La historia tuvo su punto y final en el mes de noviembre de 1967 con la edición de su cuarto y último sencillo para Dunhill “Is Happy This Way/Ordinary Girl”. Con P.F.Sloan ya fuera de Dunhill, Steve Barri se ocupa de la producción y elige un tema ajeno como cara a –la B era la misma que la de su primer sencillo-. La canción “Is Happy This Way” es una joya de delicados contornos, compuesta por Susan Harber, autora de esa otra preciosidad que es “Please Don’t Ever Leave Me” que interpretaron los no menos fenomenales The Cyrkle en su segundo disco “Neon” (Columbia, 1967). Supone desde luego un ligero cambio en la sonoridad del grupo, aproximándose a la de conjuntos que, como The Association, empezaban a despuntar comercialmente en esos momentos con sonoridades pop más lánguidas y evanescentes, lo que se conoció como “soft rock”. Pese a ello tampoco esta vez ocurrió nada destacable, y así terminó todo para el grupo de Thomas. Este, por su parte, formó años más tarde junto a Susan Harris y Paul Witt la “Witt-Thomas-Harris Productions”, que con el tiempo se ha convertido en la más grande productora independiente de comedias para televisión en Estados Unidos. Desde 1971 y hasta hoy ha producido innumerables seriales. Entre los más conocidos por estas latitudes, podemos citar “Empty Nest” en 1988, “Blossom” en 1991 o “El Show de John Larroquette”. También ha producido algún que otro largometraje, como “Dead Poets Society” (El Club de los Poetas Muertos) en 1989 o “Final Analyssis” (Análisis Final) en 1992. No está nada mal para alguien que empezó como baquetero sin éxito.

Por su lado, THE IGUANAS es un grupo rodeado por el más absoluto de los misterios. Casi sabemos más de ellos por negación que por afirmación. Estos Iguanas no eran los que por la misma época capitaneaba un tal James Ostenberg, en ciernes de convertirse en Iggy Pop, ni tampoco deben confundirse con The Matadors, conjunto que frecuentemente acompañaba a Jan & Dean. Bobby Roberts, que por entonces formaba parte de un conjunto llamado The Dunhills, los descubrió tocando en un hotel durante unas vacaciones en Mexico. Cuando Bobby retornó a Los Angeles y decidió, junto a Jay Lasker y Lou Adler, crear el sello Dunhill en 1965, fichó a The Iguanas, convencido de que había encontrado a los nuevos Beatles (¡!). Se los trajeron hasta Los Angeles donde bajo la batuta de P.F. Sloan y Steve Barri grabaron en un periodo muy corto (una o dos semanas a lo sumo) las canciones que éstos habían compuesto para ellos. Al parecer ninguno de los 4 miembros del grupo sabía hablar inglés, así que en lo que a la parte vocal respecta, grabaron las canciones fonéticamente. En julio de 1965 sacaron su primer single “This Is What I Was Made For/Don’t Come Runnin’ To Me” (D-4004), que también fue editado por RCA/Victor en el Reino Unido. Fue una de las primeras referencias del sello Dunhill. Y bueno, “This Is What I Was Made For” es sencillamente una de las más hermosas canciones de amor que jamás se han escrito. La sencillez de su letra unida a la profunda y emocionante belleza de su melodía, la convierten en una de las cumbres de artísticas del Sr. Sloan, y en una de mis canciones favoritas de todos los tiempos, de esas que te cambian para siempre una vez que las has escuchado. Aunque para mi gusto la versión definitiva la realizaría unos meses después el propio Sloan al frente de los Grass Roots, pero esto supone adelantarnos un poco en nuestra historia. Volviendo a los Iguanas, y como curiosidad, señalar que en 1988 el sello británico Big Beat publicó una versión en castellano de “This Is What I Was Made For” en el disco “Penny Arcade – Dunhill Folk Rock Vol. 2”. La canción les fue remitida erróneamente por MCA –propietaria de todo el catálogo Dunhill-, en vez de la versión original en inglés que había sido editada en su día, y que Big Beat había solicitado. Cuando se dieron cuenta de la equivocación era ya demasiado tarde y decidieron dejarlo estar. Por eso hoy en día resulta más fácil acceder a esta versión en castellano que a la original en inglés. Por cierto, la adaptación al castellano del texto de la canción es una auténtica preciosidad.

Dunhill por su parte editó un par de sencillos más con los Iguanas: “Michelle/Meet Me Tonight Little Girl” y “Diana/This Is What I Was Made For”, que recogían la totalidad de las grabaciones realizadas por el grupo. “Michelle” es una adaptación al castellano del clásico Lennon/McCartney, tal vez dirigido al mercado mejicano, donde sí parece que lograron cierto éxito, y “Diana” es el standard de Paul Anka.

Sloan y Barri consiguieron con ellos un sonido fresco e inmediato, con preciosas melodías vocales y chispeante instrumentación, cimentando con producciones como éstas el “sonido Dunhill” del periodo 1965-66, o lo que es lo mismo, la quintaesencia del folk rock californiano.

Reseñaremos para terminar otro par de grupos con la misma mala suerte. Por un lado THE MODERN FOLK QUARTET (MFQ), un cuarteto -o quinteto, dependiendo del momento-, formado por Jerry Yester, Cyrus Faryar, Henry Diltz, Chip Douglas y Eddie Hoh, que tenía ya una larga trayectoria a sus espaldas para cuando llegaron a Dunhill. Varias grabaciones para Warner Bros., así como una turbulenta sesión con Phil Spector en 1965, cuyo resultado final, la gloriosa "This Could Be the Night", no se editaría oficialmente hasta finales de los años 70. Fue precisamente el arreglista de Spector, Jack Nitzsche quien produjo y arrregló el primero de los dos sencillos que editaron en Dunhill, "Night Time Girl", una composición de Al Kooper e Irwin Levine. Pero para cuando apareció el segundo sencillo "Don't You Wonder", una delicia de finísimo "sunshine pop", en 1968 el grupo ya se había disuelto: Yester y Farrar inicaron carreras en solitario (aunque Yester primero se unió a los Lovin' Spoonful sustituyendo a Zal Yanovsky), Diltz se convirtió en uno de los grandes foógrafos de la historia del rock, y Douglas después de un breve paso por los Turtles trabajó como productor de los Monkees.

Por último, THE LAMP OF CHILDHOOD un grupo formado por Mike Tani, Fred Olsen, Billy Mundi y James Hendricks. Éste último fue marido de Mama Cass y junto a ella formó parte de los folkies The Big Three y The Mugwumps, donde coincidió también con Denny Doherty y Zal Yanovsky. The Lamp of Childhood editaron tres singles para Dunhill a lo largo de 1967. Tal vez su mejor momento llegó con "No More Running Around", una bonita canción donde las similitudes con los Mamas & Papas eran más que evidentes (menos las voces femeninas, claro está), pero desgracidamente se separaron antes de poder culminar todo su potencial.
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Como ya hemos comentado, la práctica totalidad de las grabaciones de estos grupos no han sido reeditadas de forma oficial hasta la fecha. Aparte de los singles originales, difíciles de conseguir, la única manera de poder acceder a algunos de ellos es gracias a dos excelentes recopilaciones publicadas por el sello Big Beat (Ace Records) a finales de los 80: “Is It Any Wonder, Dunhill Folk Rock, Vol. 1” (LP, Big Beat, WIK 74, 1988)
y “Penny Arcade, Dunhill Folk Rock Vol. 2” (LP, Big Beat, WIK 75, 1988).

Saturday, May 10, 2008

CHRIS GANTRY "Introspection", Monument, 1968 (Discos a recuperar, 5)

Volvemos a nuestra serie de discos que esperan una reedición en toda regla, con un álbum muy especial para nosotros. Cuando le pedimos a Kim Williams (The Summer Suns) que nos indicase sus 10 canciones preferidas, entre las joyas que seleccionó como primordiales en su educación musical había una que desconocíamos y nos dejó intrigados: “Dreams of the Everyday Housewife”. Nada sabíamos tampoco de su intérprete y autor, un tal Chris Gantry. Pero poco tiempo después un buen amigo, enamorado y obsesionado con toda una serie muy concreta de cantautores norteamericanos, de entre la multitud de k7's con las que nos ensanchaba los horizontes musicales, nos hizo llegar, por fin, el álbum que contenía este tema y que no es otro que el que hoy nos ocupa. Y quedamos prendados no sólo de la canción en sí, sino de las restantes 9 canciones que lo conformaban.

Pronto descubrimos que el tema es muy conocido gracias a la versión que Glen Campbell llevó al éxito en 1968, y pese a que un gran número de artistas han grabado las canciones de Gantry (Johnny Cash o Sonny Curtis, entre otros), lo cierto es que el personaje sigue siendo un desconocido. Chris Gantry nació en Queens, Nueva York, a finales de 1942, pero fue en Nashville, a donde se mudó con apenas 20 años, donde encontró una escena floreciente y unos jóvenes compañeros que pronto harían historia en la música popular americana. Como compositor fichó para la compañía editorial que dirigía Marijohn Wilkin, Buckhorn Music. Wilkin, una profesora que lo había dejado todo (familia, trabajo, posición social) por la música, además de ser una excelente compositora –ojo, suya es “Long Black Veil”- tenía un talento innato para reconocer el talento que en esos momentos estaba llegando al Music Row de Nashville a espuertas: Mickey Newbury, Tony Joe White, John Hartford, Billy Swann, Donnie Fritts, Billy Joe Shaver y, sobre todo, Kris Kristofferson. Es con este grupo de talentos con los que Gantry forma un clique dedicado a competir entre sí por ver quien aguantaba más de fiesta y, de paso, escribía una canción mejor que la anterior. El propio Newbury llegó a comparar Nashville entonces con Paris en los años veinte o Hollywood en los treinta. O por buscar un referente más cercano, la escena del Greenwich Village de primeros de los sesenta. Todos se influían entre sí, buscando esa frase, giro en la melodía, que hiciese que el resto envidiase su originalidad. Así era Nashville entonces. O mejor dicho, la escena que se mantenía al margen de su tradicional y siempre bien engrasada industria.

Otro personaje clave en nuestra pequeña historia es Fred Foster, dueño no sólo de la editorial Combine Music, sino de la discográfica Monument Records (Roy Orbison había sido su cliente más importante en la primera mitad de los 60). Cuando el contrato de Gantry finalizó con Buckhorn, Foster le ofreció fichar por su editora, prometiéndole mejor suerte para sus composiciones. La promesa se hace realidad cuando Glen Campbell alcanza un formidable éxito con “Dreams of the Everyday Housewife” (#3 en las listas de Country, y #32 en las de Pop) y el futuro inmediato de Gantry no puede ser más prometedor. Así graba en los propios estudios de Foster en Nashville “Introspection”, su disco debut. Diez canciones enormes, de melodías subyugantes, que mezclan las maneras excelsas de Mickey Newbury, la imaginación en los arreglos y melodías de Tupper Saussy (Neon Philharmonic) y la ilimitadas posibilidades que aquel momento único ofrecía. Sugerentes títulos como “Louisville-Nashville Southbound Train”, “Jamaica Avenue” o “Mexico Rain” forman parte de un repertorio sin fisuras, excelso como pocos aupado por una producción y arreglos (¿tal vez Bergen White?) que lo convierten en una joya difícil de imitar o comparar. Si se fían de nuestra humilde opinión, este disco merece el status de clásico, y nada tiene que envidiar a los legendarios primeros esfuerzos de los citados Newbury o Kristofferson. Grande.

La importancia e influencia de Gantry en estos años y entre sus colegas queda patente en las palabras con las que Kristofferson introduce “The Pilgrim-Chapter 33” en su segundo álbum –en el que Gantry toca la guitarra-: “I started writing this song about Chris Gantry and ended up writing it about Dennis Hopper and Johnny Cash ... Norman Norbert, “Funky” Donnie Fritts, and Billy Swann, Bobby Neuwirth, Jerry Jeff Walker…”, canción dedicada a estos gloriosos creadores que persiguiendo su inspiración “tomaron todas las direcciones equivocadas en su solitario camino de vuelta a casa”. Gantry, por su parte, editó un par de LP's más para Monument y ABC-Dot en los 70 ("Motor Mouth" y "Chris Gantry", respectivamente), para después seguir con una producción discográfica de mucho menos alcance. En la actualidad sigue componiendo y actuando en vivo, y existe una exigua página web a su nombre.


Thursday, February 21, 2008

OTOÑO CHEYENNE: It was 10 years ago today!

A los primeros asistentes a la décima edición del festival Popxiriapop, celebrado en la localidad gallega de Carballo en septiembre del año pasado, se les obsequió con un coqueto CDr que amén de las grabaciones completas del grupo Metro contenía, en archivos pdf, los cinco números publicados de Otoño Cheyenne. Los responsables de tan gran evento le pidieron al editor de OC que les mandara unas líneas introductorias. Como suele ocurrir en estos casos, esas líneas no llegaron a tiempo y quedaron inéditas… hasta hoy, que con motivo del décimo aniversario del fanzine, el Comandante Luke nos permite reproducirlas en este blog. ¡Felicidades!

Me piden José Gabriel y Xavier unas líneas para ilustrar esta “reedición” de los cinco números de Otoño Cheyenne. En mi vida me he visto en tal aprieto, que diría el poeta. Pese al lógico cariño que a uno se le supone por la criatura, lo cierto es que me recorre una sensación ambivalente al recuperar el material aquí recogido. Son demasiadas las faltas y errores que uno encuentra y que le gustaría poder cambiar (textos, fotos, maquetación…). Pero por otro lado, ahí están y os puedo asegurar que parir cada uno de ellos, a pesar de los desvelos y problemas mil, siempre fue una experiencia gozosa. O casi. Recuerdo especialmente el primer número. Su concepción tuvo lugar en las “peceras” de la biblioteca de una reputada universidad. ¿Fue durante mi último año como estudiante allí o ya había terminado? No puedo recordarlo. En cualquier caso, allí estaba yo maquinando un fanzine para la dominación global. Bueno, en realidad sólo quería escribir, reunir información y compilarla, sobre los grupos y artistas que tanto me gustaban y a los que apenas nadie hacía caso. Esa era (es) la intención. Seguro que tenía cosas más importantes que hacer (¿estudiar?), pero no en mi mundo ni en mi lista de prioridades. Y creo que así ha sido desde entonces, me refiero a la cantidad de tiempo que le he dedicado a OC, haciéndolo o maquinándolo, en detrimento de más, digamos, productivas actividades. Pero volvamos por un momento a las “peceras”. Cómo os decía, tengo clavada en la memoria el tiempo que pasé allí, por ejemplo, escribiendo cartas al club de fans oficial de Badfinger con la esperanza de conseguir que Joey Molland me respondiese a un completo cuestionario que había preparado (no contestaron nunca). Básicamente el primer número fue cortesía de ordenadores prestados, impresoras secuestradas y mucha fotocopia, tijeras y pegamento. Escrito a salto de mata en mi cuarto, aulas de colegios y universidad, y hasta en el cuartucho en que dormíamos en el puesto de la Cruz Roja los “voluntarios” que hacíamos allí la P.S.S. Así salió, claro. ¡Qué tiempos!

Y ahora que lo pienso, sí que debió de ser largo el periodo de gestación del primer número, porque hubo artículos que finalmente no se incluyeron en ese primer número porque habían quedado desfasados. Tengo por ahí una entrevista con Santi Campos (Santi me mandó las respuestas manuscritas en un par de folios, junto a una selección de los discos favoritos de los miembros del grupo) hecha antes de la publicación del primer LP de Malconsejo. Pero para cuando apareció el disco, el primer número de Otoño Cheyenne estaba únicamente disponible en mi cabeza. ¡Lo siento, Santi! También recuerdo cuando llegó a casa un sobre de los grandes desde Australia. En ese momento de suma emoción decidí que fuese como fuese aquel primer número, aún pura fantasía, tenía que salir. Eran las respuestas de Kim Williams (The Summer Suns), manuscritas también, a la entrevista que aparece, ya sí, en el primer número. Y había también unas preciosas fotos en b/n. ¡Qué maravilla! (aún guardo ese sobre) La cuestión es que entonces lo de Internet y el correo electrónico eran comodidades poco habituales, y el cartero era casi siempre el encargado de traer la buena nueva. Para el resto de contenidos me serví de algún que otro viejo artículo de revista (hasta recuerdo una visita al “Koldo Mitxelena” de San Sebastián donde conseguí información sobre Badfinger y los Drifters, entre otros, en una enciclopedia rock inglesa. Bueno, allí descubrí, y fotocopié entero, el libro “De qué va el rock macarra” de Diego Manrique!!!) y las notas (gloriosas “liner-notes” de las que tanto podías aprender) de Andrew Sandoval para el CD recopilatorio de los neoyorkinos The Left Banke, ¿mi grupo favorito? ¿y por qué no?

Y por fin, una vez completado todo, a la fotocopistería a recoger el resultado, ¡qué nervios! Y el sueño se hizo realidad… y lo empecé a enviar a quienes me importaban y habían inspirado: ¡la radio!, con Juan de Pablos a la cabeza. Y Samuel Rodríguez y su “Del Cero al Infinito”, o Edu Ranedo y Fernando Gegundez de “Local de Ensayo”. ¡Los otros fanzines! Luis Iñiguez y su im-pres-cin-di-ble “18 Rodas” o Ángel Snap y su no menos recordado “Snap”. Con tan buena fortuna que de vez en cuando empezó a llegar alguna carta y giro postal al apartado 162… Gracias a todos, ¡aún conservo vuestras cartas! Y hasta hoy. Y nunca mejor dicho, pues pese al parón habido desde el último número, todavía hay, al menos, un nuevo número en la recámara que será una realidad pronto. ¡Stay tuned for more rock ‘n roll!

Pese a que OC ha sido siempre un “one-man-zine”, lo cierto es que su existencia no habría sido posible sin la ayuda y colaboración de muchos buenos y queridos amigos. ¡Va por ellos!

El Comandante Luke (con saludos a su Lugarteniente Perry), Bilbao, Septiembre 2007.

Thursday, January 31, 2008

THE ANDERS & PONCIA ALBUM, Warner Bros., 1969. (Discos a recuperar, 4)


Otro álbum aún no editado en formato CD, y que por tanto merece nuestra insistencia sobre el mismo (ver Otoño Cheyenne # 4). La historia de Pete Andreoli (más tarde se cambiaría el apellido por Anders) y de Vinnie Poncia, Jr., como la de tantos otros orfebres y artesanos de canciones Pop en los sesenta no deja de tener un cierto sabor agridulce. Su legado musical es ciertamente notable (principalmente como compositores, productores y arreglistas), sobresaliente en numerosas ocasiones, pero por desgracia, el reconocimiento que merecen les es bastante esquivo fuera de los círculos más eruditos. Seguramente su momento álgido junto a Phil Spector (junto con quién escribieron un buen puñado de gemas para las Ronettes, Crystals y Darlene Love) a buen seguro les reserva un lugar privilegiado en la discoteca del aficionado atento, pero el resto de su producción entre 1964 y 1969 (Videls, The Tradewinds, The Innocence, etc.), no solo no le va a la zaga, sino que acumula méritos para hacerles ingresar en el Panteón de Compositores Pop de los Sesenta.

Pasados esos años de mayor éxito comercial, a comienzos de 1969, Anders y Poncia consiguen firmar, como solistas, un contrato con Warner Brothers, el “sello de los artistas”, una situación a priori ideal desde la que encauzar una nueva trayectoria. Al de poco se trasladan hasta Los Angeles para grabar el disco por el que habían firmado. Como productor para el álbum entra en juego Richard Perry. Un viejo conocido de nuestros héroes, Richard contaba en su haber con ciertas ilustres producciones para Captain Beefheart (su clásico primer LP “Safe As Milk”, de 1967), y más tarde sería el productor de Harry Nilsson, o el fundador del sello Planet para el que los Plimsouls grabaron su primer álbum. Entre otras muchas cosas (algunas bastante menos interesantes, ciertamente). Además lo más selecto de los músicos de sesión de la Costa Oeste, viejos conocidos del dúo, se dan cita para la ocasión: Hal Blaine y Jim Gordon (batería), Larry Knechtel (bajo y teclados), Joe Osborn (bajo) y las guitarras de “Sweet” Lou Shelton y los propios Anders y Poncia.

El álbum contiene diez temas propios y una versión del clásico de Leiber y Stoller “Smokey Joe’s Café” (con Ry Cooder a la guitarra). Canciones enormes como las incluidas aquí no pueden sino recibir nuestras más enfervorizadas alabanzas. “I’m Beginning To Touch You”, “You Don’t Know What To Do”, “Take His Love” o “The Height Of My Life”, por citar algún título, son sorprendentes muestras de hasta donde se había desarrollado el arte de la composición por parte de Anders y Poncia: dos artistas profundamente originales en su manera de fundir unas maneras que iban desde el pop escuela Brill Building, al R&B, aderezado todo ello con un poco de country y unas gotitas de tardía psicodelia. Y por supuesto, aunque de eso no cabía ya duda alguna, su faceta de músicos y vocalistas queda corroborada por unas interpretaciones lustrosas y apasionadas. Un álbum tan personal como universal y es que aquí se dan cita los grandes temas del Pop: el amor, la amistad, las relaciones interpersonales, en definitiva, el complejo mundo de los sentimientos humanos. Pero el hecho de que no se casasen con nadie, y que resultase un disco tan difícil de encasillar en un momento de transición de la música pop -la escena de cantautores californianos comenzaba a despuntar-, y sin un sencillo claro con el que atraer al público potencial, fueron factores que propiciaron un ineludible fracaso comercial y el posterior y paulatino ostracismo creativo de sus autores.

Si hemos de hacer caso a las notas que acompañaban al excelente CD recopilatorio “Mynd Excursions” publicado por Sequel hace años y que exploraba los archivos de los sellos Buddah/Kama Sutra, aún restaría por rescatar un disco autobiográfico inédito de Anders y Poncia. Excelente ocasión pues para que un sello como Rhino Handmade, con licencia para bucear en los archivos del conglomerado WEA, se ponga tras la pista de este material inédito y, de paso, rescate esta joya para deleite de todos.

ALAN BETROCK, héroe favorito.

Se nos echaba el tiempo encima, y no teníamos nada terminado para publicar en enero, cuando nos llegó el esperado libro sobre Bomp, “Saving the World One Record At a Time” (que merece entrada aparte). Y nos acordamos de Alan Betrock… y de este pequeño homenaje que le rendimos hace tiempo y nos apetecía recuperar…
Alan Betrock, Greg Shaw y Ken Barnes, en N.Y.C. a mediados de los 70

Pero, ¿es que no conoces a Alan Betrock? No, no, el Sr. Betrock no militó en ningún grupo de pop o rock. Ni tan siquiera tuvo una corta pero intensa (o larga y aburrida, depende del caso) carrera como artista de culto en solitario. Nada de eso. Y, sin embargo, creo que su nombre y su historia, debe figurar al lado de la de otros ilustres poprockeros. Y ello por la simple razón de que sin él, y otros como él, seguramente nosotros, y otros como nosotros, no estaríamos hoy en día hablando y escribiendo, y disfrutando y admirando, y amando, la música de Ellie Greenwich, de P.F. Sloan, de Phil Spector, de Graham Gouldman, de The Left Banke, de los Grupos de Chicas, de Brian Wilson y los Beach Boys, de Badfinger o los Raspberries, y también la de Blondie, los dB’s, Richard Hell, Televisión, los Ramones o Marshall Creenshaw. Y no sólo la música, también el cine y, en definitiva, la así llamada “cultura pop”, fueron desmenuzados, analizados y dados a conocer, por los estudios y escritos de este ilustre fanzineroso.

Nos guste o no vivimos en un mundo en el que prácticamente todo lo que podamos apetecer lo tenemos al alcance de la mano: el ratón de un ordenador o el teclado de un móvil. Lo que desde el punto de vista de un aficionado/amante de la música pop significa que ya no hay nada que no podamos saber de nuestros grupos preferidos, hasta el más oscuro detalle o ignoto dato, todo se nos revela en cuestión de segundos, gracias a ese nuevo mundo paralelo que es Internet. Ese imposible grupo de freakbeat británico, un oscuro instrumental a cargo de un grupo de música surf de principios de los 60, o esos one-hit wonders del medio oeste americano. Ya nada se nos puede resistir. Pero hubo una época en la que todo esto no existía, y si el pardillo de turno se preguntaba que había sido de aquel grupo que tuvo un éxito con “Walk Away Renee”, o si la versión original del “Gloria” era de los Shadows Of Night o de Them, pues se quedaba con un palmo de narices, porque muy pocos podrían responderle con verdadera exactitud. Los primeros 70 debieron ser muy duros para todos aquellos que crecieron amando la música de los 60. Pareció como si en unos pocos años todo aquello hubiese sido barrido de la faz de la tierra, y ya nadie lo recordase. Casi de repente resultaba que era más interesante escuchar y hablar de otro tipo de música, supuestamente más profunda e importante. La era de los dinosaurios y los plastones insoportables de alto minutaje estaba empezando, y con ella el (re)nacimiento de una industria cada vez más ávida e inmisericorde. Pero afortunadamente, unos pocos fans consiguieron lo que parecía imposible. Compilar información, analizarla desde una perspectiva histórica, y difundir todo esto con verdadera pasión y entusiasmo, logrando transmitir a una nueva generación todo el acervo generado por la mayor explosión cultural juvenil del siglo. Lo que sin duda alguna contribuyó de manera decisiva a crear la base de lo que a los pocos años cristalizaría de alguna forma en el punk y la nueva ola. Nombres propios como el de Lenny Kaye, que compiló, anotó y produjo el mítico “Nuggets”, en 1972; o Greg Shaw que publicaba la seminal “The Mojo Navigator” a finales de los 60/primeros 70 y más tarde la imprescindible revista/fanzine “Bomp!”. Y Alan Betrock, nuestro hombre, que comenzó publicando el fanzine “Jamz” para después editar la mítica revista “The Rock Marketplace” (que, entre otras cosas, fue una de las primeras revistas para coleccionistasy estudiosos del fenómeno "rock"). Lenny, Greg y Alan, seguramente nadie sabía más a principios de los 70 sobre la Historia de la Música Rock que estos tres titanes.

Siempre inquieto e inconformista, Alan Betrock funda en 1975 la revista “The New York Rocker”, que nacía como una extensión de TRM, pero dedicada esta vez a cubrir la emergente nueva escena musical, sobre todo la neoyorquina, y servir de vehículo para narrar los presentes y futuros acontecimientos de la misma. Alan fue editor de TNYR hasta 1977, abarcando el periodo crucial de la génesis, sedimentación y cristalización de la escena surgida en el Bowery neoyorquino. Y su revista fue tan crucial para esa escena como el CBGB o el Max’s Kansas City. Las portadas de TNYR convirtieron en estrellas a Patti Smith, los Ramones, Blondie, Television o los Talking Heads, antes incluso de que fueran conocidos fuera de Nueva York. Y sus lúcidos y visionarios editoriales le convirtieron en padrino de la escena, y en un gran “conceptualizador” de los acontecimientos de la última gran revolución musical, el punk-rock. Después de abandonar la dirección de TNYR a finales de 1977, tras once números, Alan inició en 1979 su propia compañía discográfica, Shake Records. Produjo y editó los primeros discos de los dB’s y Marshall Crenshaw. Más tarde produjo el LP Destiny Street de Richard Hell & The Voidoids y el Beauty And Sadness de los Smithereens (cuando hace unos años tuvimos ocasión de conocer a Pat Dinizio, éste nos obsequió con un buen puñado de anécdotas sobre Betrock, pero lo que se nos quedó grabado en la memoria fueron las depresiones que sufría y como, a su muerte, algunos de sus amigos tuvieron que rescatar de la quema parte de su impresionante colección).

Por supuesto, yo no era más que un niño cuando Alan escribía y maquetaba sus primeros fanzines, y un chaval cuando produjo las primeras maquetas de Blondie o escribió “Girl Groups: The Story of A Sound”, el libro definitivo sobre el fenómeno de los grupos de chicas de comienzos de los 60. Pero su pasión por la música que tan bien conocía y amaba de alguna forma se transmitió a cientos de seguidores que después hemos seguido su ejemplo, tocando en grupos, creando y escribiendo en fanzines, revistas, o simplemente descubriendo la maravillosa música que tanto le gustaba.

Alan Betrock murió el 9 de abril de 2000, a la edad de 49 años, en el Hospital Calvary, en pleno corazón del Bronx, Nueva York. La causa, un cáncer fatal que se le había diagnosticado sólo dos meses antes. Esto sólo es un pequeño homenaje que le rendimos desde este fanzine, que esperamos le hubiera agradado.

Thursday, December 13, 2007

ORANGE, Judy Over The Rainbow (Chrysalis, 1994)


Volvemos con otro objeto de culto personal, de esos a los que irremediablemente retornamos cada cierto tiempo para seguir maravillándonos como al principio. Les dedicábamos el espacio que merecían en el número 5 de OC. Y es que The Orgone Box, la criatura de Rick Corcoran, había facturado para entonces, y a nuestro modesto entender, uno de los mejores discos de la década, su álbum homónimo de 2001. Además, y aprovechando el éxito de éste, su discográfica (la imprescindible disquera londinense Minus Zero) acababa de editar un segundo álbum, “Things That Happened Then” (2002), compendio de material inédito grabado en diferentes épocas, que no le iba a la zaga. Corcoran, prácticamente en solitario –toca y compone todo-, hacía el mejor psych-pop jamás oído: perfectas canciones pop construidas a base melodías irresistibles, riffs redondos y parafernalia psychedelica que lo envolvía todo en un conjunto realmente irresistible. Los más avezados connaisseurs se volvían locos con los discos y las críticas no podían sino hacerse eco, sin escatimar elogios, de semejantes joyas.

Pero los orígenes de este historia había que buscarlos, lógicamente, años atrás, después de que The Green Tambourines, el primer grupo de Rick Corcoran, se disolvieran. Estos ya habían trabajado en uno de los temas señeros de The Orgone Box, “Judy Over The Rainbow”. Pues bien, sin grupo y con un contrato con Chrysalis que le exigía precisamente un grupo, Rick se junto con tres músicos más y después de gastarse una pasta en estudios de grabación publicaron en 1994 este single que era un verdadero pelotazo. Pese a que Corcoran no guarda buen recuerdo de esta experiencia (ni de la relación con los músicos ni por el tiempo y dinero malgastado en carísimos estudios de grabación), lo cierto es que uno no puede dejar de imaginar que hubiera pasado si esto hubiera petado en la radio: un pepinazo de pop psicodélico atemporal en plena época de resaca rave.



La dicha es buena esta vez, pues por fin hemos conseguido ese mítico single de ORANGE (¡y mira que llevábamos tiempo buscándolo!): en realidad tres canciones que aparecieron en formato CD y vinilo de 12”, donde además de Judy se incluían dos temas, “Disposable” (también recuperada posteriormente por Orgone Box) y “Beds”. Como bien podéis imaginar a estas alturas, Orange y su single pasaron totalmente desapercibidos para el gran público y Rick Corcoran volvió a operar en solitario apartado totalmente de la industria. Cómo el bueno de Bill Forsyth de Minus Zero Records le encontró y acabó editando a The Orgone Box es ya la historia que contábamos en aquel lejano nº 5 de OC.

Thursday, December 06, 2007

DEL SHANNON, "HOME & AWAY" (Zonophone, 2006)

Coincidían casi en el tiempo dos imprescindibles ediciones: este “Home & Away” y “Dion” (Ace, 2007). Figuras clave de finales de los 50 y primeros 60 (su momento dulce, comercialmente hablando, y por el que mayoritariamente son recordados hoy en día), tanto Del Shannon como Dion DiMucci, pasado su momento de gloria, siguieron haciendo música tan o más memorable que la que inicialmente les dio fama y reconocimiento. De Dion nos ocuparemos más adelante, hoy queríamos recuperar a Del Shannon.

“Home & Away” fue grabado en los míticos estudios Olympic de Londres en 4 días de febrero de 1967. El momento adecuado y el sitio justo: mientras Del Shannon giraba por el Reino Unido, un encuentro casual con Andrew Loog Oldham en los estudios de la BBC en Londres propició el chispazo preciso. Oldham admiraba la versión que Del había hecho poco tiempo atrás de “Under My Thumb”, tema original de sus pupilos (unos tales The Rolling Stones). Cuando poco después los dos junto a Dan Bourgoise (amigo y manager personal de Del) escuchaban un acetato del próximo single de los Beatles, “Strawberry Fields Forever/Penny Lane”, en la limousine de Oldham, éste les sugirió una idea que comenzaba a rondarle la cabeza: él produciría un álbum a Del Shannon. Todo encajaba a la perfección en su esquema: en su momento más dulce tenía el estudio, al arreglista perfecto, los músicos y por supuesto, las canciones: sus compositores a sueldo en Immediate. Con ello trataba de cumplir su más ansiado sueño, producir una obra similar en importancia artística al “Pet Sounds” de Brian Wilson. Como ocurriese con el “Would You Believe” de Billy Nicholls, Oldham triunfó en el plano artístico, pero en el comercial el disco nunca llegó a editarse como tal, apareciendo únicamente un par de singles de las sesiones en su momento, y de manera tardía recuperándose gran parte de las grabaciones en el álbum “And The Music Plays On”, editado en Inglaterra en 1978.

Así que con esta edición se recupera por primera vez en su formato original “Home And Away”, una verdadera joya de eso que tanto nos gusta y que se da por llamar “pop barroco”: melodías pop, cercanas al clasicismo musical, acompañadas de elaborados arreglos que introducen cuerdas, vientos, harpsicordios, y otros instrumentos alejados de los considerados convencionales en música pop. Como unos Left Banke británicos con la inigualable voz dramática de Del Shannon las grabaciones son gloria bendita: un repertorio de temas escritos por el propio Shannon (ahí queda “Silently” como cima, sin nada que envidiar al mejor pop-sike británico de la época, ¡que ya es decir!) y sobre todo por el emergente tandem formado por Andrew Rose y Dave Skinner (que grabarían más tarde como Twice As Much) con perlas del calibre de “It’s My Feeling” o “Life Is But Nothing” y Billy Nichols que aportaba tres perlas que se ajustaban al registro de Del como anillo al dedo. Justicia histórica pues esta recuperación por parte del renacido sello Zonophone (y atentos a sus muy recomendables presentes y futuras ediciones), que en el libreto incluye preciosas fotos de las sesiones de grabación del gran Gered Mankowitz. Afortunadamente, después de este álbum, Del grabó en 1968 “The Further Adventures of Charles Westover”, otro joya de pop psicodélico que sí fue editada en su momento y de la que, tal vez, nos ocupemos más adelante.
P.S.- Nos acabamos de enterar que el sello Acadia acaba de reeditar el último álbum de Del Shannon, el excelente "Rock On" editado originalmente en 1991 y producido por Jeff Lynne y Mike Campbell. Incluye 5 temas extra.

Sunday, October 21, 2007

PF SLOAN, en gira octubre 2007!!

Este artículo/entrevista tenía que haber aparecido en el número de octubre de la revista Ruta 66. finalmente no fue incluido y lo recuperamos aquí.


Una de las más reapariciones más improbables que uno podía imaginar a estas alturas tuvo lugar en 2006, cuando el prestigioso sello americano Hightone puso a la venta “Sailover” el primer álbum en estudio en muchos, muchos años de PF Sloan, toda una leyenda del pop californiano. Su nuevo álbum fue justamente alabado en estas mismas páginas (ver Ruta nº 233) y con motivo de su paso por el Felipop en agosto de 2001 se le dedicó un merecido artículo/entrevista que repasaba su increíble trayectoria (Ruta nº 183). Ahora con motivo de una extensa gira europea que le acercará de nuevo por estos lares, aprovechamos para ponernos al habla con él y conocer de primera mano alguna de sus impresiones. Sobre el nuevo álbum, grabado en Nashville con el músico y productor John Tiven, Sloan comenta que éste “llevaba cierto tiempo preguntándome cómo iba a sonar el disco que yo quería hacer, así que cuando Jon se mudó de Nueva York a Nashville, me dijo que le encantaría hacer un disco allí conmigo. Lo pensé detenidamente y las canciones empezaron a fluir...” Junto a Sloan y Tiven el disco presenta una nómina de colaboradores impresionante, como si algunos quisieran presentarle sus respetos por su legado, “a algunos les gusta pensar así sobre lo del legado. Yo creo que he tenido la suerte de ser bendecido con un don que Dios me ha dado y que me ha permitido sustentarme a lo largo de los años. De la gente que ha colaborado en el disco te puedo comentar que Gary Tallent (bajista de Springsteen) y Tom Petersen de Cheap Trick estaban por el vecindario mientras grabábamos el disco y se dejaron caer por el estudio, al igual que Buddy Miller. Frank Black es un tipo alucinante, con un gran talento. Después de tocar en mi disco hice lo propio tocando el piano en cuatro temas de su nuevo Fastman/Raiderman CD...Lucinda Williams estaba trabajando en Los Angeles así que nos acercamos por allí y le preguntamos si quería cantar en un dúo conmigo… Ah! y Felix Cavalieri de los Rascals...que también andaba por allí mientras grabábamos.” A la vez que sensacionales nuevos temas, “Sailover” incluye varias versiones de clásicos del repertorio de Sloan, ¿por qué? “No lo sé. Sucedió así. Grabamos 20 canciones y después seleccionamos las que más nos gustaban.” La reacción de la crítica ha sido muy entusiasta (con apariciones en LA Times, USA Today, Boston Globe, Philadelphia Inquirer, o las revistas especializadas Mojo y Uncut), “es fantástico, me siento muy afortunado y agradecido”. Sobre sus anteriores discos de estudio de los años 90 Sloan prefiere no hablar, “fueron experiencias difíciles y poco agraciadas”. Coincidiendo con un renovado interés por su figura, el sello Collector’s Choice acaba de reeditar su disco “Measure of Pleasure” editado en 1968 por Atco, ¿qué le parece? “No lo sé, tiene algunos buenos temas. Colaboran Tom Dowd, Steve Cropper, Donald Dunn, el grupo de acompañamiento de Aretha y Otis. Muy compacto.” Lo que aún sorprende es que sus dos clásicos e imprescindibles discos en solitario para Dunhill Records (“Songs Of Our Times” de 1965 y “Twelve More Times” de 1966) no hayan sido aún reeditados. “Creo que eso está a punto de cambiar. Ace Records tiene la palabra a finales de año…”. Y sobre tu inminente tour europeo (viene acompañado únicamente por el guitarrista Duane Jarvis), ¿qué nos puedes contar? “Aterrizamos en Copenhague el 1 de octubre para dos conciertos en Aarhus. Después tenemos bolos en Amsterdam, Londres, y Brighton... Para los conciertos españoles tocaremos las canciones de Sailover, junto con viejos temas y alguno nuevo.” Obviamente no es la primera vez que tocas por aquí. ¿Qué recuerdo guardas de tu paso por el Felipop en 2001? “Mantengo el contacto con los amigos que hice en Limodre. Y espero que eso no cambie. Son una gente maravillosa y no tengo sino fantásticos recuerdos de aquella experiencia”. Para terminar, ¿qué es lo próximo para PF Sloan, un nuevo álbum, tal vez? “No sé qué será lo próximo. Simplemente disfruto con lo que se me presenta día a día…”.


PF Sloan estará actuando (acompañado por Duane Jarvis) el 24 de octubre en Valencia (Colegio Mayor Luís Vives), el 25 en Bilbao (Colegio de Abogados), el 26 en Madrid (Sala Costello), y el 27 de octubre en Terrasa, Barcelona (Nova Jazz Club).

Tuesday, October 02, 2007

ISLAS DE ROBINSON en Radio 3

¡Nos oímos en Radio 3! ... Del blog amigo Islas de Robinson copio aquí su última entrada:

... Por cierto; este Sábado que viene (6 de Octubre) visitan las Islas de Robinson dos náufragos de bien iustres: Edu Ranedo (Ruta 66, Radio Euskadi, Mi rollo es el blog!...etc) e Iñaki Orbezua (Hanky Panky Records, Otoño Cheyenne, The Shannons...etc) ... 2 horas de tremenda discada radiofónica en las que Iñaki y Ed compartirán con todos los náufragos algunas de sus canciones preferidas... Otro lujo y orgullo más para el que escribe esto... ¡Qué bien nos lo pasamos! ¡No falten! LdB

No faltaremos a la cita!!!

Wednesday, September 26, 2007

PREFAB SPROUT, STEVE McQUEEN y la educación sentimental

¿Cómo podemos separar nuestra vida de la música que nos apasiona? ¿Acaso podemos crear compartimentos estanco perfectamente diferenciados y sin interrelación? ¿No nos afecta de tal modo la música que sin ella seríamos personas totalmente diferentes? Así lo creo. Hace ya demasiado tiempo que uno ya no entiende su día a día sin una banda sonora que le acompañe, y uno tiene la profunda convicción que, en el fondo, es como es por los discos que ha escuchado. Tal vez esto resulte exagerado para algunos. Pero no lo es en absoluto, creedme. Y no sólo por la música en sí –evidentemente el fondo del asunto- sino también por “los discos”. Sí, los dichosos vinilos. No me considero un coleccionista de discos, pero ahí los tengo. En su estantería, ocupando un lugar privilegiado en mí casa. Atesoran horas y horas de emoción pura, pero también son objetos con una historia propia. De la mayoría de ellos podría contaros cuándo y dónde los compré, por qué los compré, cuando los escuché por primera vez… toda una infinidad de detalles personales e intransferibles. Algunos me retrotraen a cómo era mi vida entonces, qué hacía, por dónde andaba, a quiénes veía… en fin, todo eso que constituye nuestra memoria emocional. De algunos, los de segunda mano, hasta me llego a preguntar por sus “vidas” anteriores…

Y lo que son las cosas, reeditan el bendito “Steve McQueen” de Prefab Sprout (que no sólo revalida su status crítico inicial, sino que adquiere la trascendencia de “disco generacional” o incluso llega a considerarse, exageradamente pienso, como el "Pet Sounds" de los 80) en un precioso digipack doble, y mi historia es la del vinilo que tuve y ya no tengo. Recuerdo que compré el disco en una tienda que ya no existe en la calle Licenciado Poza de Bilbao, parada obligada las tardes de invierno al salir de clase, para deleitarme con una suculenta ración de vista. Era una tienda de aparatos de alta fidelidad y reparaciones que había añadido unas cuantas cubetas de vinilo nuevo y de segunda mano, más alguna estantería de CDs. Entonces uno tenía que atinar bien con la elección, pues la disponibilidad de pecunia era limitada, y había que estirar lo disponible lo máximo posible. En aquella ocasión el agraciado fue un disco cuya portada ejercía sobre mí un poder subyugante: una motocicleta Triumph (joder, Dylan!), tres tíos con vaqueros y chupas de cuero, una chica rubia y un fondo otoñal de árboles desnudos junto al camino. Y el título: Steve McQueen. De hecho tenía fichado el disco desde hacía unas cuantas semanas, claro (las raciones de vista tenían estas cosas, claro). Y aquello no podía ser otra cosa que una verdadera maravilla, tal y como había leído aquí y allá. El no va más. Costaba 500 pesetas y estaba en muy buen estado.

Ya en casa la revelación no fue la esperada. Tampoco fue una plena decepción. Supongo que aún no estaba preparado para aquella sensibilidad tan peculiar, aquella sonoridad tan de la época pero a la vez tan personal… mis escasos conocimientos musicales apenas me habían guiado en la dirección que Paddy McAloon y los suyos proponían. Aquello, por qué no reconocerlo, me superaba. Y decidí darle el mismo destino que me lo había traído: las cubetas de 2ª mano. Sin embargo, algo hizo clic en mi cabeza. Pasaba el tiempo y me iba reencontrando con las canciones de este disco: “Appetite”, “Bonny”, “When Love Breaks Down”… éstas y otras de su repertorio me han ido saliendo al encuentro en un momento u otro. Y la conclusión no dejaba lugar a dudas: tenía que recuperar aquel disco. Y no ha sido hasta ahora que lo he hecho: muchos de mis peros de entonces continúan (sobre todo en cuanto a producción, al parecer uno de los grandes valores del álbum, lo sé), pero las canciones que lo conforman se me han revelado irrepetibles, arrebatadoras, atemporales. Y para probarlo Paddy recrea aplicando, paradójicamente, la máxima “menos es más” (voz, guitarra y poco más) ocho de los once temas originales del disco. Seguro que es el disco que más he escuchado en las primeras semanas del verano, una y otra vez, desde “Appetite” hasta “When The Angels”, una a una destiladas hasta su más deslumbrante esencia, hasta su más emocionante humanidad. Y cuando llega “When Love Breaks Down” no queda más que poder decir. Un nudo en la garganta. Solo emoción pura. Canciones y sonidos que me retrotraen a aquellas oscuras y frías tardes de invierno, y a aquel chaval soñando con las canciones y sonidos que atesoraban aquellos vinilos de la tienda de Poza…

¡Ah, le educación sentimental, que diría mi amigo Manolo Martos! En el entre tanto, en la ya difunta Librería Universal de la calle Ledesma alguien daría buena cuenta de un vinilo titulado “Steve McQueen” al módico precio de 500 pesetas. Seguro.

Wednesday, July 04, 2007

LECTURAS DE VERANO: ROCK MANIA vs BACK IN TIME

Si hace poco os recomendaba que os hicieseis con una copia del último número de Dumb Angel Gazzette, no puedo dejar de recomendaros ahora el primer número de la revista Rock Mania (con base de operaciones en Minneapolis). La descubrí de casualidad husmeando sin rumbo fijo por la web (sí, a veces merece la pena). Inmediatamente mi cerebro volvió a los días del floreciente renacimiento del power pop de primeros-mediados de los años noventa, y la aparición de maravillosos fanzines/revistas como Yellow Pills, Audities o Popsided, que con su entusiasta y erudita visión ayudaron a difundir aquella maravillosa escena. Tomando como modelo estas publicaciones y otras más antiguas, como Bomp, sobre todo, parece que nace Rock Mania. Este primer número que os comento tiene fecha de septiembre de 2006, con lo que espero que un segundo esté de camino. El contenido es sencillamente sobresaliente por lo variado y poco manido: excelentes entrevistas (con multitud de fotos y discografías) con Milk 'n' Cookies, Justin Love y Nikki Corvette; también aparecen sendas entrevistas con los miembros de los legendarios The Wind, ya que revisitan su mítico LP Where It's At With The Wind. Y luego, para entretenerte durante horas, cantidad de reseñas de añejos vinilos, revistas, libros, vídeos, que te ponen a salivar de inmediato y a buscarlos como un poseso. La presentación merece comentario aparte, ¡vaya lujazo! 56 páginas a todo color, excelentemente maquetadas y repletas de fotos y carátulas de discos. No he visto cosa igual desde lo de Dumb Angel, y eso de por sí ya era demasiado. Un verdadero tesoro. Incluye un póster de Nikki Corvette. Todo lo demás que necesitas saber lo encontrarás aquí: www.totalrockmania.com

Y desde Cáceres nos llega el nuevo número, el cuarto ya, de Back In Time, fanzine que seguimos desde sus inicios, y que dirige el incombustible Juan Manuel Cañas, a.k.a Lazy Juanma. De filiación sesentera, y mejorando con cada número, su sumario es una declaración de intenciones que lo dice todo: un dossier “Spanish Pebbles” (se acompaña CD titulado Fuzz Illusions que con 22 temas ilustra este dossier), Long Tall Shorty, Mighty Hannibal, The Shake cuentan sus hazañas en el IPO, The Dansettes, muy interesante entrevista a Paco Poza (Los Imposibles), Soul Cookers, The Madd, English Free Cinema, Chris Farlowe, Los Inmediatos, Yo Soy la Morsa, Los Fumestones, y las habituales secciones de fanzines, El Coleccionista, críticas de discos… Impresionante nivel, Maribel. No hay excusa pues para no pedirle ya vuestra copia al bueno de Juanma en: lazykid67@hotmail.com

Friday, June 29, 2007

DUNHILL RECORDS: LOS PRIMEROS AÑOS, 1965-1967 (1ª parte)

Llega el verano, y a nosotros nos entran ganas de escuchar los “sweet sounds of summer”, que alguien decía. Entre otros muchos, la época estival la pasamos especialmente enganchados a los primeros discos que publicó el sello californiano Dunhill Records. En tres partes, esta vez sí, os lo damos a conocer.

Durante un corto, pero fructífero, muy fructífero, período de tiempo Dunhill Records fue algo más que una compañía de discos, como rezaba su eslogan promocional. En unos cuantos meses levantaron los cimientos y dieron perfecta forma a un edificio sonoro que dejaría una indeleble huella y sería tan fiel testigo de una época realmente dorada de la música Pop. Nos referimos al sonido folk rock, la perfecta simbiosis entre las sonoridades acústicas y austeras (digamos, Dylan), mezcladas con los nuevos sonidos provenientes, sobre todo, de los grupos británicos que por entonces invadían los Estados Unidos (digamos, The Beatles), y que ya había tenido su primer número uno con la versión del “Mr. Tambourine Man” de Dylan, a cargo de The Byrds en el verano de 1965.

Dunhill Records nació precisamente en 1965, en la ciudad de Los Angeles, fruto de la unión de tres tipos bien distintos, Lou Adler, Jay Lasker y Bobby Roberts. De los tres, Lou Adler era sin lugar a dudas la fuerza motriz, al menos en la parte puramente artística de la empresa. No en vano su experiencia en el negocio musical era muy amplia. Lou había ejercido de compositor –escribió “Baby Talk”, para Jan & Dean, y junto a Herb Alpert, “Only Sixteen” y “Wonderful World” para Sam Cooke-, manager –de entre otros, Jan & Dean, Johnny Rivers-, productor, y poseía ya su propia casa editorial, Trousdale Music Publishers, amén de una productora denominada Dunhill Productions. Además conocía a la perfección los entresijos del funcionamiento de un casa discográfica, ya que había trabajado para los sellos Colpix y Dimension, en la Costa Este. Fue precisamente a través de su trabajo para estos sellos, especialmente Colpix, una subsidiaria del grupo Screen Gems, que Lou trabó contacto con muchos compositores, y entre ellos, con Phillip Sloan y Steve Lipkin, que más tarde cambiaría su apellido por el más conocido de Barri. Ya juntos, formando la clásica signatura P.F. Sloan/Steve Barri, fueron el equipo estrella de Trousdale y, en consecuencia, lo serían de la incipiente Dunhill Records. Por eso la historia que a continuación nos disponemos a presentarte es tanto la de ellos mismos –Sloan y Barri-, como lo es del sello en sí.

A grandes rasgos, y tal y como aparece reflejada en las enciclopedias, los primeros dos años de discos Dunhill podrían resumirse de la siguiente forma: logran un fulgurante número 1 en todo el país –y medio mundo- en septiembre de 1965 con “Eve Of Destruction”, una composición de P.F. Sloan interpretada por Barry McGuire, y que a su vez era una de las primeras referencias del sello. El mismo Barry pone en contacto a Lou Adler con el que sería el grupo con más éxito del sello, The Mamas And The Papas. Su meteórica ascensión, a través de singles como “California Dreamin’” (un Top 5 en 1965) y “Monday Monday” (número 1 en 1966), consolida la posición de Dunhill como una compañía señera e innovadora dentro del efervescente mundillo musical de la época. El siguiente gran éxito de la discográfica viene de la mano de un grupo fantasma, The Grass Roots. Cuando el éxito masivo les sorprende, el grupo se consolida definitivamente como una entidad real, y acabará cosechando una retahíla de éxitos hasta bien entrados los 70. Sin embargo, apenas dos años después de su nacimiento, Dunhill perdió la distintiva identidad que sus primeros artistas le habían proporcionado: The Mamas & The Papas se habían separado, P.F. Sloan y Barry McGuire acabaron defenestrados y condenados al ostracismo, hasta Lou Adler abandonó tempranamente el barco cuando vendió su parte en la compañía a la distribuidora ABC/Paramount, para formar un nuevo sello en 1967, Ode Records. Después, con el final de la década, Dunhill seguirá disfrutando de las mieles del éxito de la mano de grupos como Steppenwolf, Three Dog Night, Smith o solistas como Richard Harris, Thelma Houston o Emitt Rhodes. Pero el “sonido Dunhill” que caracterizó los primeros pasos del sello había desaparecido ya por completo.

Trataremos, en definitiva, es profundizar en los dos primeros años de vida del sello, el período comprendido entre mediados de 1965 y los primeros meses de 1967, haciendo un recorrido por los grupos y artistas que formaban parte de la plantilla de Dunhill Records, “no solo una compañía que hace discos, sino una compañía de discos”.

PRIMEROS ESCARCEOS: GRUPOS DE CHICAS, LA LOCURA SURF y OTROS SONIDOS


Ciertamente no podemos decir que Dunhill desarrollase a través de diversos lanzamientos el sonido característico de los grupos de chicas, sin embargo dos gloriosas excepciones de este sonido se colaron entre las primerísimas referencias del sello. SHELLEY FABARES se había casado con Lou Adler en 1964, así que éste no tuvo el menor problema en ficharla para su nuevo sello. Shelley comenzó su carrera en el mundo del show-biz a muy temprana edad, interviniendo en diversas películas a lo largo de los años 50. En 1958 le ofrecen un papel en la comedia de situación The Donna Reed Show, obteniendo tal éxito que la discográfica Colpix le ofreció un contrato. Con ellos tuvo un fulgurante número 1 con “Johnny Angel”, sin duda alguna uno de sus temas más recordados. Para Colpix grabó más sencillos y hasta un par de LP’s, pero el éxito de “Johnny Angel” no se repitió. Después de su paso por otra discográfica, Vee-Jay, donde no logró ningún nuevo hit, Fabares pasó al nuevo sello que acababa de fundar su marido, Dunhill Records. En mayo de 1965 aparece su primer sencillo, “My Prayer/Pretty Please” (D-4001), la primera referencia de Dunhill Records comprendía el clásico de los Platters, y en la cara B “Pretty Please” un tema escrito por el tandem Sloan/Barri, como casi todo lo que comprende esta primera época del sello que en este artículo trataremos. El sencillo no logró la repercusión comercial deseada pero, pese a ello, un año y medio más tarde, en octubre de 1966, vuelven a utilizar el tema “Pretty Please”, de nuevo como cara B, junto otra composición de Sloan/Barri, “See Ya ‘round On The Rebound” (D-4041), en otro sencillo para Shelley. Otra fenomenal canción, de melodía irresistible, con una acertadísima producción, continuadora en el mejor de los sentidos del sonido de grupos de chicas. Un tema que también grabaría Sandy Posey, y que sin duda inspiró a nuestro héroe Ben Vaughn –gran fan de P.F. Sloan- a la hora de componer “On The Rebound”, tema incluido en su LP de 1987 “Beautiful Thing”.

Después de su paso por Dunhill, Shelley Fabares volvió al mundo del cine (la podemos ver junto a los Herman’s Hermits en su película “Hold On” –cuyo tema principal homónimo también fue escrito por Sloan/Barri- o junto a Elvis Presley en “Girl Happy”, entre otras), para acabar separándose de Lou Adler a finales de los 60. Desde entonces su carrera ha continuado principalmente frente a las cámaras.

Siguiendo con la historia de Dunhill Records, aún hubo un nuevo intento en el campo del sonido de grupos de chicas, con un conjunto llamado GINGER-SNAPS (en realidad, una creación de estudio). Sloan y Barri epitomizan el sonido con toda una lección de versatilidad musical (no hay que olvidar que venían del sonido surf), componiendo y produciendo las dos canciones del único single que editaron en julio de 1965, “The Sh-down-down Song (You Better Leave Him Alone)/I’ve Got Faith In Him” (D-4003). Otra joya para coleccionistas y amantes de los grupos de chicas. Pero la época dorada de este sonido ya había pasado, por lo que desde Dunhill no dudaron en orientar el sello hacia otros terrenos comercialmente más propicios.

WILLIE & THE WHEELS era uno de los muchos seudónimos utilizados por P.F.Sloan y Steve Barri para dar salida comercial a su ingente creatividad. Recordemos que en 1964 habían editado el disco “Tell ‘Em I’m Surfin’” como The Fantastic Baggys, para el sello Imperial, aunque auspiciado por la productora de Lou Adler, Dunhill Productions. En el LP de los Baggys –uno de los grandes clásicos del género, por otro lado-, aparecía un tema titulado “Surfin’ Craze” que hablaba de la moda surf que arrasaba por entonces en los Estados Unidos. Por si el skateboarding constituyese la próxima locura juvenil, Sloan y Barri decidieron darle la vuelta a su viejo tema y reconvertirlo en “Skateboard Craze”. Bajo un nuevo seudónimo, Willie & The Wheels, Dunhill publica en mayo de 1965 el sencillo “Do What You Did/Skateboard Craze” (D-4002). Musicalmente un auténtico caramelo, pero que por lo que parece muy poca gente llegó a degustar, ya que el sencillo desapareció sin dejar apenas rastro. ¡Aunque la moda del monopatín sí que causó furor!

Curiosamente, la primera referencia en LP del sello Dunhill fue un disco de música surf atribuido a una entidad denominada RINCON SURFSIDE BAND (DS-50001). Se trata, como no podía ser menos, de los propios Sloan y Barri, junto al más selecto grupo de músicos de sesión de Los Angeles (la famosa “Wrecking Crew” en pleno: Hal Blaine, Joe Osborne, Tommy Tedesco, Bill Pittman, Al DeLory…), realizando versiones instrumentales de temas de los Beach Boys y de Jan & Dean. Si bien no pudieron resistir la tentación de incluir un tema propio, el ya conocido “Skateboard Craze”, aunque en versión karaoke, dadas las exigencias del guión. Las letras de las canciones se reproducían en la contraportada del LP original. El disco es una pequeña joya, y está reconocido como uno de los grandes discos del género. Además el propio P.F. Sloan se encargaba en la mayoría de las ocasiones de las partes principales de guitarra, lo que ciertamente supuso un reconocimiento a sus habilidades no sólo como compositor o productor, sino también como intérprete.

Y hablando de la “Wrecking Crew”, su más conocido representante, el excelso percusionista HAL BLAINE tuvo también su momento de fama o, por lo menos, la oportunidad de ejercer de solista, de “front man”, merced a una serie de LP’s en solitario que Dunhill Records tuvo a bien editarle. A fin de cuentas, Hal toca la batería en la práctica totalidad de discos editados por Dunhill en esta época. En total fueron tres LP’s los publicados, todos ellos instrumentales, que si bien no constituyen, como era de esperar, muestras puras de sonido folk-rock, sí que son sano un divertimento al servicio del lucimiento del señor Blaine. El primero de estos discos, titulado “Drums! Drums! A Go Go” (DS-50002, 1966), está producido por P.F. Sloan y Steve Barri, quienes además le ceden algún tema original ad hoc, como “Midnight At Pink’s” (un famoso puesto de hamburguesas y perritos calientes, situado en Hollywood, donde se dice que Phil Spector llevaba a sus músicos de celebración después de conseguir un nuevo éxito), y el que daba título a la colección “Drums! Drums! A Go Go”. El resto de temas no eran sino éxitos del momento (“Wooly Bully”, “Money”, “Rumble”, “California Sun”…), convenientemente remozados, eso sí, con sabores reminiscentes de la música surf y hot-rod. Después, ya sin la participación de P.F. Sloan, Hal Blaine editaría otros dos LP’s de elocuentes títulos, “Psychedelic Percusión” (DS-50019, 1967) y “Have Fun!! Play Drums!!” (DS-50035, 1968).

Fin de la primera parte.

Tuesday, June 05, 2007

JACKIE DeSHANNON "Songs" RPM, 2006

Resultaba llamativo que salvo por una miríada de consabidos “best of”, cuyos temas se repiten entre sí y que poco aportan en la justa difusión del legado de esta impresionante artista, la discografía oficial de Jackie DeShannon permaneciese prácticamente inédita en formato CD (se salva la exquisita reedición de Rhino Handmade de su disco “Jackie” de 1972, aparecida en 2003). Afortunadamente, el exquisito sello inglés R.P.M. (que actualmente opera bajo el paraguas de Cherry Red) inició hace un par de años una serie de lanzamientos centrados en su figura. Hasta la fecha se han publicado 6 títulos, reediciones de algunos de sus álbums oficiales: “Breakin' It Up On The Beatles Tour” (rpm 302, su segundo LP de 1964), “Are You Ready For This” (rpm 303, su quinto LP, 1966), “Laurel Canyon” (rpm 304, octavo LP 1968), “Put A Little Love In Your Herat” (rpm 314, décimo primer álbum, 1969), “Songs” (rpm 315, decimotercero álbum, 1971), y “For You” (rpm 316, sexto disco de 1967). Todos ellos aderezados con abundantes temas extras (muchos de ellos inéditos hasta la fecha) y excelentes notas y fotografías de la época. Desde aquí recomendamos todos y cada uno de los mismos, pero nos vamos a centrar en el titulado simplemente “Songs”, una pequeña maravilla de disco. En 1971, y después de casi una década bajo la disciplina de la familia Imperial / Liberty Records, Jackie ficha por la discográfica Capitol, y edita un LP simplemente titulado “Songs”, iniciando un nuevo camino en busca de la ansiada libertad artística. Capitol inicialmente la junta con el productor Chips Moman y juntos graban en los estudios American de Memphis (donde el mítico productor tenía su base de operaciones). Por razones desconocidas, estas grabaciones no llegaron a editarse, y Jackie se trasladó a Los Angeles donde junto al productor Eric Malamud, registraría los temas que finalmente conformarían “Songs”. La foto de la portada que nos muestra a una hermosa Jackie sentada junto a una chimenea, indica el tono relajado e intimista que impregna las canciones contenidas en este nuevo álbum. Hay versiones, notable el “Lay Lady Lay”, retitulado “Lay, Baby, Lay” de Dylan, “Keep Me Warm” de Johnny Christopher (músico de sesión en los American Studios de Moman, y que había coescrito algunos éxitos de Elvis como “Suspicious Minds” o “Always on My Mind”, nada menos), que abre el disco y que sigue siendo una de mis interpretaciones preferidas de Jackie (¿quién sería el afortunado destinatario de esta petición?), “International” (de Gallagher & Lyle) o “Ease Your Pain” de Hoyt Axton. Además hay excepcionales nuevas composiciones de la propia Jackie, destacando “Salinas” y “West Virginia Mae”. Junto a todos ellos, la reedición de “Songs” nos obsequia con 10 temas más, las grabaciones inéditas realizadas con Chips Moman que comentábamos al principio. Como cabía esperar, se trata de 10 joyas de soul-pop, mayormente temas ajenos (Van Morrison, Penn/Oldham, Emitt Rodees, Hurley/Wilkins, Arlo Guthrie, Goffin/King), que Jackie lleva a su terreno, y que demuestran una vez más que estamos ante una de las figuras más injustamente minusvaloradas de los 60/70. Después de “Songs” Jackie ficharía por Atlantic y editaría en 1972 el disco “Jackie”, que muchos fans consideran como su mejor álbum. Pero en “Songs” tenemos ya una obra mayor a descubrir. Imprescindible.

Tuesday, May 15, 2007

DUMB ANGEL GAZETTE # 4: All Summer Long


Desde luego no hay nada como el papel. Cuando se trata de buscar información y datos sobre nuestro último descubrimiento, la inmediatez y facilidad de acceso a la información que proporciona la web están bien y hasta resulta de suma utilidad, pero quién no se ha sentido hastiado después de haberse tirado horas delante de la pantalla del ordenador sin haber conseguido encontrar nada que mereciese realmente la pena. La lectura de un buen libro o de un artículo de revista, casi seguro, siempre nos reportará segura recompensa a nuestra ansia de conocimiento, cómodamente y sin perder la paciencia ni la vista. Por eso es de agradecer que en estos tiempos de diarrea telemática, haya gente que siga apostando por el seguro y perdurable valor de la página impresa.

No sé si el término fanzine es el que mejor se ajusta al último número de Dumb Angel Gazette. En formato revista y con casi 150 páginas a todo color, más bien parece un libro o un especial de Mojo. Pero para los que conozcan números anteriores, este número 4 es un largamente esperado maná. Teniendo en cuenta que el número anterior apareció en el verano de 1989, no es de extrañar que en el entre tiempo, el “Dumb Angel” haya adquirido proporciones casi míticas (ejemplares de números anteriores se cotizan a millón). Después de que la aparición de este nuevo número llevase anunciada más de dos años, por fin el verano pasado vio la luz. Al mando (y firmando muchos de los artículos) sigue su fundador, el gran Domenic Priore (atentos a la inminente publicación de “Riot on Sunset Strip: Rock 'n’ Roll’s Last Stand in Hollywood 1965/1966”, promete ser uno de los libros del año), ayudado por Brian Chidester y un elenco de colaboradores de lujo y probada solvencia en la materia: Brad Elliot, Harvey Kubernik, Peter Frame o Mark Anderson Moore. Su precio y el hecho de que apenas se haya visto en los catálogos de v.p.c. al uso, la ha hecho pasar desapercibida por estas latitudes. Gran injusticia.

Con un sumario para muy cafeteros, sección escena californiana de mediados de los 60, su sumario lo dice todo: Phil Spector (interesantísimo artículo a cargo de Harvey Kubernik sobre la esfera social que rodeaba a Spector en sus años de gloria), Jan & Dean (estudio en profundidad sobre sus producciones y técnicas de estudio entre 1964-66), los Beach Boys y el Modernismo Pop 1964-65, jugosa entrevista al mítico saxofonista de sesión “Teenage” Steve Douglas, completa sesión-grafía de los Beach Boys entre 1964 1965, y mucha música surf (Dick Dale & His Del-Tones, además de un family tree desplegable a cargo de Pete Frame -realizado especialmente para este número- de grupos surf de la zona de South Bay en el período 1961-1965, la evolución de la música surf a través de las películas independientes, etc., etc.); además de otros suculentos platos. Por supuesto, la calidad de los textos y el contenido de los mismos es sobresaliente.

Ciertamente el apartado gráfico y la presentación de la revista, merecen capítulo aparte, no en vano corren a cargo de gente tan reputada como Mark London (responsable del diseño de los último trabajos de Brian Wilson), Lisa Sutton y Chris Green. Aunque no entiendas ni una palabra de inglés, y tu interés por los temas tratados sea más bien tangencial (¡ay!), el aluvión de fotos, portadas y demás es tan alucinante, que sólo por ello su adquisición ya merece la pena.

Poco más queda por decir... los podéis encontrar aquí: http://www.dumbangelmagazine.com/

Tuesday, February 27, 2007

AMERICAN SPRING, United Artists, 1972. (Discos a recuperar, 3)

De entre el catálogo de gemas que jalona la biografía musical de Brian Wilson, tal vez una de las menos conocidas sea ésta que aquí os presentamos, un LP editado originalmente en el verano de 1972 y acreditado al dúo American Spring. La génesis de Spring (lo de American funcionaba para el mercado británico dada la coincidencia en la nomenclatura con los progresivos ingleses), habría que buscarla unos años antes sin embargo, mientras los Beach Boys disfrutaban sus apabullantes éxitos artísticos y comerciales en la primera mitad de los 60. Por entonces Brian Wilson se hizo cargo de la producción de The Honeys, un trío formado por la mujer de Brian, Marilyn, su hermana Diane Rovell y la prima de éstas, Ginger Blake. Tratando de emular a su idolatrado Phil Spector, Brian concatenó una serie de gloriosos sencillos entre 1963 y 1964 que pasaron totalmente desapercibidos comercialmente hablando, y el grupo quedó en estado de hibernación. Sin embargo un tardío y último sencillo aparecido en 1968, “Tonight You Belong To Me”, dio paso a un sustancial cambio de sonido y a lo que poco tiempo después sería Spring: ya sin Ginger Blake, las hermanas Rovell debutaban bajo ese nombre en 1971 con el sencillo “Now That Everything’s Been Said/Awake”, dos versiones (la primera original de Carole King y Toni Stern) que son de lo más maravilloso que uno pudiera desear: me quedo sin palabras con las que siquiera aproximarme a estas joyas. Aparece poco después un segundo sencillo, “Good Time/Sweet Mountain” y, finalmente, en el verano de 1972 el álbum homónimo (que incluía los cuatro temas anteriores). Decir, con todo lo que eso supone, que está a la altura de lo que los Beach Boys hacían por entonces (recordemos: “Sunflower”, “Surf’s Up”, “Holland”; cosas muy, muy serias), es quedarse corto. La selección de un material de primera que incluye escogidas versiones totalmente remozadas (“Everybody” de Tommy Roe, “Mama Said” de las Shirelles, o de nuevo el eterno catálogo de Goffin/King en “Down Home” que hacía Little Eva) y temas propios de los hermanos Wilson (de Brian son “Thinkin’ Bout You Baby”, “This Whole World”, “Sweet Mountain”, y de Dennis la inmensa “Forever”), y la aproximación musical bajo la atenta mirada de Brian (que ejerce de co-productor y arreglista), conforman un conjunto de belleza inigualable, de sutiles invocaciones, de luminosos hallazgos, de perfecta armonía, una obra maestra, en fin, que no puede menos que conmover al oyente que se acerque a ella. El propio Brian Wilson llegó a decir que era lo mejor que había hecho nunca.

Esta joya es sin duda alguna uno de mis discos preferidos de todos los tiempos. Nuestro amigo Carlos Rego escribió un estupendo artículo sobre la saga Honeys/Spring para “Ruta 66”, que también se puede encontrar en la web. Finalmente, sólo me resta remitiros al breve pero emocionante capítulo “The Beach Boys Love You and Spring” del libro “Brian Wilson & The Beach Boys – How Deep Is The Ocean?”, una colección de escritos de diferentes épocas a cargo del gran Paul Williams. Si no tenéis este libro y sentís algo más que mera curiosidad por los Beach Boys haceros un favor: comprarlo. Pocas veces leer sobre música resulta tan gratificante y revelador como escucharla. Actualmente descatalogado, se impone una reedición en regla de todo el material que American Spring registraron.